Paro y desamparo

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Foto: José Alfonso para la campaña ‘Do It Yourself’ de Intervida.

“El paro baja en abril, en mayo y en junio porque los días son más largos, las temperaturas más altas y el sol brilla más. Eso se llama estacionalidad y no tiene nada que ver con lo que hacen ustedes”. Soraya Sáenz de Santamaría, mayo de 2011. Lúcidas palabras de quien se felicita por los datos ofrecidos desde el Ministerio de Empleo en junio de 2013 fruto del esfuerzo, las reformas y las plegarias de su partido. Soraya es portavoz del gobierno y a la vez, por mérito propio, portavoz de la oposición.

Esperan semanas de debate, opiniones, críticas y alabanzas a cuenta de los 98.000 parados menos, de fuego cruzado y fuegos artificiales a la salud de las estadísticas. España está que arde y cada día hay un nuevo incendio que hace olvidar rápidamente las llamas del día anterior. Los mentideros partidistas no paran de echar gasolina y leña a cualquier hoguera y el pueblo está quemado, asqueado y distanciado de los pirómanos. Mientras se celebra la bajada del desempleo, queda en segundo plano algo más grave que el propio paro: el desamparo.

Felipe González prometió 800.000 puestos de trabajo para ganar unas elecciones. Las ganó, implantó los primeros contratos basura y abrió las puertas a las Empresas de Trabajo Temporal. Ya entonces Alemania, por medio de Willy Brandt, dictaba las directrices políticas que se despachaban desde Moncloa y también fue Alemania el origen del primer caso de corrupción política a gran escala en España: el caso Flick. 263 diputados españoles absolvieron a Felipe González y la palabra impunidad adquirió en propiedad un escaño en el Congreso.

Después de González, vinieron los 5.000.000 empleos de Aznar con más flexibilización laboral, más temporalidad y el germen de lo que hoy se conoce como trama Gürtel. Luego llegó Zapatero, se le deshizo entre las manos la burbuja laboral heredada, volvió a dar una vuelta de tuerca a la flexibilidad laboral y vio crecer sus propios brotes negros de corrupción. Por último, Rajoy está desmantelando las pocas garantías laborales que quedaban, se le ha disparado el desempleo de manera desbocada y su partido nada en la corrupción a lo largo y ancho de España.

La historia de la democracia española es la historia de la flexibilidad laboral, del desamparo de los trabajadores, de fraudes fiscales, fortunas deshonestas, corrupción, despotismo o nepotismo, la historia de nunca acabar. Ningún gobierno, y todos lo sabían y lo saben, lucha contra la política de tierra quemada que practica el neoliberalismo. La competitividad y la flexibilidad son eufemismos de lo que históricamente se ha llamado esclavitud, o sea, el desamparo total de las personas para ser explotadas como en los países a los que se ha trasladado la producción mundial buscando el beneficio salvaje.

El gobierno predice creación de empleo y crecimiento. Los flamantes 98.000 trabajadores lo son a tiempo parcial, estacionales diría Soraya, con menos sueldo y quizás más horas que hace un año, con mayor desamparo ante el despido, la prestación por desempleo y su ya inalcanzable jubilación. El Gobernador del Banco de España aventura una solución aplaudida por la patronal y bendecida por Esperanza Aguirre: el salario mínimo entorpece la creación de empleo y el crecimiento y proponen eliminarlo como paso previo a los 100 euros de salario medio, de salario competitivo, el salario del desamparo total.

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