Ideas para no dormir

Forzados republicanos de BDST construyendo carretera cerca de Bilbao.

Forzados republicanos de un Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores Penados (BDSTP).
A medio camino entre la memoria histórica y la realidad laboral que acecha.

Es inquietante contemplar la insultante suficiencia, a la hora de expresar sus ideas, que algunos estamentos de la vida pública emplean, tal vez pensando que las tragaderas ciudadanas no tienen fondo. Quizá no les falte algo de razón si se analiza el comportamiento de la sociedad a la hora de votar y el amplio segmento de la población que repite y asume esas mismas ideas en su hábitat cotidiano. La mentira y la manipulación les funcionan y les dan alas para volar cada día un poco más alto.

Preocupa comprobar que un partido, promotor de una Ley de partidos para ilegalizar a quienes hacían apología del terrorismo, se desnude impunemente haciendo apología de una dictadura y de un general golpista que provocaron más muertes y más terror que diez mil etarras encapuchados. El sector ultraderechista del PP, liderado por Aguirre, se regodea viendo a sus cachorros ondear banderas golpistas, saludando al modo fascista y quién sabe si cantando el Cara al sol. Para el PP no es oportuno cerrar las heridas que representan fosas comunes y cunetas mientras se permite realizar apología del franquismo. Son sus ideas.

El ministro Wert guillotina el derecho a la educación y descuartiza las posibilidades de estudiar al selecto e inmenso grupo de quienes sólo cuentan con una escuálida nómina, un subsido o una pensión para mantener a toda una familia. Las becas han recibido un cínico tajo al excluir a quienes tengan familiares cerca del lugar de estudio, sin importar que sea familia bien o mal avenida, con recursos o sin ellos. Muchos diputados -alojables en domicilios de familiares- cobran, además de sobresueldos, por alojamiento a pesar de poseer propiedades inmobiliarias en la corte. Son sus ideas.

El PP ha dispuesto mecanismos de lucha contra el fraude laboral y fiscal, una cruzada en toda regla contra autónomos, pequeños ahorradores, desempleados y caseteros de feria, de la que se exime de forma lacerante a las grandes empresas que engordan con opacas donaciones la caja B del partido o a las multinacionales que dan sentido a los paraísos fiscales. El delito siempre viaja en las alforjas de los débiles como las amnistías o los indultos lo hacen en los maletines de los poderosos. Son sus ideas.

Erizan de pánico y terror los capilares sensibles de la ciudadanía las exigencias de Juan Rosell para que los trabajadores sean desposeídos de los restos de humanidad que aún conservan. Cautivo y desarmado, por su propia incompetencia, el tinglado sindical, los trabajadores descubren por las bravas las fauces neoliberales que destrozan sus vidas. La CEOE exige galeotes y el gobierno descarga sobre las espaldas de España el látigo de siete colas para la subyugación humana al servicio de la economía neoliberal. El Partido Popular se sirve y sirve a una patronal corrupta y codiciosa con la que comparte y reparte beneficios de privatizaciones y sobrecostes de las adjudicaciones públicas a cambio de convertir la fuerza laboral en una mercancía más. Son sus ideas.

Produce desasosiego, depresión y desesperanza ver cómo todo un país es conducido, a través del tiempo, a unas condiciones de vida preindustriales y feudalizantes con la aquiescencia de la inmensa mayoría de sus súditos. Las voces que apelan desde las calles y las redes sociales a la rebelión colectiva son contempladas por la mayoría como un espectáculo ajeno y peligroso para el confort individual. La riqueza vuelve a ser hereditaria, como simboliza la Corona y practican la Casa de Alba, los Botín, Amancio Ortega, las Koplowitz, Aznar Jr., Aguirre Jr., Gallardón Jr. y todos cuantos luchan para que el status quo permanezca así. La pobreza y la miseria vuelven también a ser hereditarias para quienes renuncian a la lucha por conservar sus derechos y defender su dignidad. Son sus ideas.

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PP, tercera temporada

septiembre

Septiembre es un mes de contrastes, un mes tragicómico en el que se mezclan, como en el teatro, las máscaras sonrientes y las lloronas sobre el rostro de cada espectador. El fin de las vacaciones, un derecho en vías de extinción como otros muchos, trae el síndrome posvacacional, los exáménes, la vuelta al cole, la menor duración de los días y algún que otro suceso de corte depresivo que cohabitan con algunas fiestas locales y el comienzo de algunas rutinas que parecen poner orden en las vidas de las personas, como el trabajo, el fútbol, las parrillas televisivas o la política.

Trabajar es motivo de alegría y de tristeza, alegría por esquivar el paro y tristeza por comprobar que cada día el trabajo da para atender menos necesidades y por menos tiempo. El fútbol ya ha comenzado con idénticas intenciones que todos los años: vaciar los bolsillos y los cerebros a los aficionados distrayendo su capacidad crítica de otros menesteres que afectan a sus castigadas vidas. Las cadenas de televisión preparan su renovación con las mismas películas de siempre, las mismas tertulias y las nuevas temporadas de las mismas series. Después llegará un invierno más pobre, más previsible y más aburrido que nunca.

El septiembre político retomará los ERE y Bárcenas, las puñaladas sedientas de poder de la radical Aguirre y su ultraderecha, el irremediable ocaso del PSOE o las acometidas sociales de la troica, la CEOE y la Conferencia Episcopal. Septiembre, mes propicio para la murria y la melancolía, acecha emboscado en el calendario, no así el gobierno del Partido Popular cuyo disfrute corre paralelo al padecimiento generalizado de la ciudadanía. Rajoy estrena una tercera temporada que promete alargar el clima de corrupción y alcanzar el clímax en los recortes sociales.

Como en las series de televisión, donde la repetición y la previsibilidad suplen la más absoluta carencia de originalidad, el público apuesta por el agua de borrajas como más que probable desenlace para la contabilidad B del PP y los ERE del PSOE. El caso Urdangarín va camino de ello mediante un pacto con la “justicia” que sería el Pacto de la Zarzuela: lo sentirá mucho y prometerá que no volverá a suceder. Rajoy, Cospedal, Aznar y las cúpulas del PP, durante 20 años, no se han enterado de dónde provenían los millones que les han hecho ricos y les han permitido ganar elecciones. Tampoco Griñán, Chaves, Zarrías y la vetusta cúpula del PSOE andaluz sabían nada de los trasvases contables en el erario público. Ambos partidos lo sentirán mucho y prometerán que no volverá a suceder.

En septiembre volverán a suspender la verdad, la ética y la decencia pública, alumnnas excluidas del aprendizaje de la clase política que ha secuestrado la democracia. En septiembre, España conocerá que la recesión se ha desacelerado, que la deuda por el rescate bancario cumple su misión como un reloj suizo, que cada contrato de un mes equivale a treinta puestos de trabajo creados, que los paraísos fiscales seguirán existiendo y que los infiernos cotidianos son ahora el hogar de sus habitantes. En septiembre, las NN.GG. del PP volverán a sus estudios, tras reivindicar añejos modos fascistas aprendidos en los campamentos de verano de la FAES, con el deber cumplido y aplaudidas por sus mayores.

Septiembre, haciendo un ejercicio de optimismo, verá caer menos hojas del árbol social, pues de sus ramas ya no volverán a brotar los frutos de la sanidad pública, de la educación o de la asistencia, ni tan siquiera los de la libertad. El árbol de España, tras la poda del PP ha quedado reducido a un simple conjunto de varas que no tienen otra utilidad que la de medir espaldas. Queda por ver qué espaldas medirán, si las del gobierno o las de la ciudadanía. Septiembre está ahí, a la vuelta de la esquina, con el Madrid y el Barcelona, El gato al agua y Sálvame. Aquí no hay quien viva.

Entre buenos y malos

filosofia

La escuela de Atenas (fragmento). Rafael Sanzio. 1510-1511.

“La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad”. Joseph Conrad

La reducción del pensamiento a esquemas simples es la base del aprendizaje que permitirá construir estructuras capaces de interpetrar adecuadamente lo complejo. Reducir el aprendizaje a los esquemas simples es la base para construir una sociedad dócil y facilitar su control por quienes manejan las claves de lo complejo. Un déficit en el aprendizaje suele llevar a la obediencia ciega, los miedos y la fe, estableciendo una pirámide social de exigua cúpula e inmensa base.

Las élites del poder proponen un binomio simple de buenos y malos para encajar en él a toda la humanidad. Desde la infancia, la familia, el vecindario, la literatura, el cine y la maquinaria educadora extraescolar reducen la realidad al bien y al mal sin peligrosos matices, sin lecturas intermedias, sin arriesgadas alternativas, al cobijo de la inmediatez y la comodidad. Los conceptos simples, como el aire, penetran en las personas para ofrecer vida y contaminar.

El bien y el mal, el bueno y el malo, sitúan a las personas en la geografía vital y las orientan a la hora de analizar los acontecimientos cotidianos. Se trata de un pensamiento mecánico e inmediato que muestra desajustes, cuando se enfrenta a situaciones complejas, y provoca incomodidades y riñas entre mentes que no aspiran a emanciparse de la simplicidad. Ante un hecho complejo, lo bueno y lo malo son conceptos insuficientes, peligrosos y contaminantes.

Impedir el derecho a la libre circulación de las personas, artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es una herida global compleja porque las personas viajan con un equipaje de intenciones particulares y una indumentaria subjetiva. Retener al presidente Evo Morales, indígena y electo, se ha justificado con el argumento simple de que podría llevar en la maleta a Snowden, el delator de las prácticas delictivas realizadas por el Nobel Obama.

Para el gobierno español, el delator y el indígena son los malos y el delatado es el bueno. “Nos dijeron que Snowden iba en el avión” es razón suficiente para que Margallo pose la suela de un zapato español sobre los Derechos Humanos y la presunción de inocencia, una fruslería al lado del reguero de muerte que Aznar facilitó cuando los mismos le dijeron que en Irak había armas de destrucción masiva. Los “buenos” siempre ganan porque la obediencia ciega y el miedo de los simples impiden el cierre del espacio aéreo y del territorio español a los vuelos ilegales de la CIA que transportan secuestrados al zulo de la tortura en Guantánamo.

El caso Bretón es una compleja lágrima que se desliza entre bidones de gasoil, ausencias infantiles, cadenas de custodia y pruebas judiciales. Los medios han hecho del juicio un espectáculo por entregas en las sobremesas de los españoles ofreciendo lo simple, lo inmediato y lo cómodo. Incómodo y complejo es contemplar cómo el juez escucha la voz experta de un asesino convicto, confeso, fugado, extraditado, liberado y contratado como asesor y proveedor de las fuerzas de seguridad de un estado sospechoso ya de distinguir entre tiros en la nuca buenos y malos. Lo simple es pensar que Bretón es malo y que el ejecutor de Yolanda González ahora es bueno, lo complejo es defender la presunción de inocencia y la reinserción.

Los sucesos de Egipto son una ecuación tan compleja que las potencias aún no han decidido si lo acontecido con el presidente electo Morsi es bueno o malo. La UE, EE.UU., Rusia o China están a la espera de que la sangre decida quién es el bueno. En esta sociedad dudosamente civilizada se dan paradojas como la de Gadafi, el buen libio amigo de Zapatero, de Aznar, de Juan Carlos I, de Sarkozy, de Berlusconi, de Blair o de Bush que un buen día dejó de serlo y fue juzgado por aviones de guerra del bando de los buenos y ajusticiado por una bala, no se sabe si buena o mala.

Descanse en paz el Derecho a la Paz

RIP

Es de agradecer, y de temer, la insolente sinceridad que utilizan los presuntos representantes de la humanidad en determinados foros porque permite conocerles e intuir a quienes representan de facto. El 13 de junio se reunió en Ginebra el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para abordar una resolución sobre la Promoción del Derecho a la Paz. La propuesta, a priori, permitía aventurar un consenso total: errónea presunción y triste realidad.

El asunto se resolvió con el voto favorable de una treintena de países del llamado Tercer Mundo y la abstención o el voto en contra del mundo desarrollado. La UE o EE.UU., premiados con el Nobel de la Paz, junto a Japón, India o Suiza, se abstuvieron o votaron en contra dando sentido sus votos a sus trayectorias bélicas y sus intereses en el negocio de la guerra. España votó NO, voto interpretable como un vestigio del ardor guerrero de Aznar o un tributo a Zapatero que situó a España en el mapa de la exportación de armas.

Asuntos de esta índole evidencian que la representatividad política se aleja de las urnas en tanto se acerca a oscuros consejos de administración de la industria de la muerte. No es cierto que España votara en contra del Derecho a la Paz. Quien emitió dicho voto fue el delegado en el Consejo de un gobierno que no representa ni los sentimientos ni las querencias del pueblo español. Quedó demostrado en Suiza que la guerra prevalece sobre la paz, la muerte sobre la vida.

Desde el 15 M el mundo asiste a la rebeldía popular en la calle. Los movimientos indignados, las primaveras árabes, ayer Turquía y Brasil hoy, alertan y alarman a todos los gobiernos del mundo. Las revueltas ciudadanas no son del agrado de quienes cuidan los intereses de grupos financieros y empresariales contrarios a los de la ciudadanía. Se ha intentado buscar una semejanza en todas y cada una de las protestas y la única similitud obvia y palpable se encuentra en la respuesta de los gobiernos protestados: acoso, golpes y armas.

La represión del pueblo es parte del comercio minorista de armas que depara suculentos beneficios a la industria. Preocupa que los gobiernos escalen las paredes de la violencia, primero verbal y luego física, tratando a sus gobernados como enemigos. Tal vez preparen así el escenario de una guerra global para dar salida a excedentes de armamento, de parados, de jubilados y de pobreza. Quizás los Balcanes, Iraq, Libia o Siria, pueblos sin derecho a la paz, fueron y son ensayos con altísmas cifras de ventas y de muertes.

La justificación clásica para negar la paz es el aforismo latino “Si vis pacem, para bellum” (si quieres la paz, prepara la guerra), guerra preventiva que le llaman hoy. Un mundo que prepara la guerra es un mundo que desprecia la paz, como se ha visto en Ginebra. Se trata de vencer, no de convencer. Es la ley del más fuerte, el darwinismo aplicado a los mercados, a la sociedad. Una sociedad que se prepara para la guerra, se prepara también para la muerte.

Posiblemente encajen en este escenario las palabras de De la Cavada, representante de la CEOE, pidiendo que se limite el permiso laboral por fallecimiento. El trabajador debe estar preparado para la producción, se debe a ella, no ha de distraerse del sentido productivo de su vida. La industria no entiende de sentimientos rotos, de papeleos post mórtem o de deberes familiares, entiende sólo de producción y beneficios. Hay que aceptar la muerte como algo puntual, como un atasco en hora punta, como un pinchazo en ruta, y sortearla con apremio. Prepararse para la muerte es también una forma de prepararse para la guerra.

Paro y desamparo

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Foto: José Alfonso para la campaña ‘Do It Yourself’ de Intervida.

“El paro baja en abril, en mayo y en junio porque los días son más largos, las temperaturas más altas y el sol brilla más. Eso se llama estacionalidad y no tiene nada que ver con lo que hacen ustedes”. Soraya Sáenz de Santamaría, mayo de 2011. Lúcidas palabras de quien se felicita por los datos ofrecidos desde el Ministerio de Empleo en junio de 2013 fruto del esfuerzo, las reformas y las plegarias de su partido. Soraya es portavoz del gobierno y a la vez, por mérito propio, portavoz de la oposición.

Esperan semanas de debate, opiniones, críticas y alabanzas a cuenta de los 98.000 parados menos, de fuego cruzado y fuegos artificiales a la salud de las estadísticas. España está que arde y cada día hay un nuevo incendio que hace olvidar rápidamente las llamas del día anterior. Los mentideros partidistas no paran de echar gasolina y leña a cualquier hoguera y el pueblo está quemado, asqueado y distanciado de los pirómanos. Mientras se celebra la bajada del desempleo, queda en segundo plano algo más grave que el propio paro: el desamparo.

Felipe González prometió 800.000 puestos de trabajo para ganar unas elecciones. Las ganó, implantó los primeros contratos basura y abrió las puertas a las Empresas de Trabajo Temporal. Ya entonces Alemania, por medio de Willy Brandt, dictaba las directrices políticas que se despachaban desde Moncloa y también fue Alemania el origen del primer caso de corrupción política a gran escala en España: el caso Flick. 263 diputados españoles absolvieron a Felipe González y la palabra impunidad adquirió en propiedad un escaño en el Congreso.

Después de González, vinieron los 5.000.000 empleos de Aznar con más flexibilización laboral, más temporalidad y el germen de lo que hoy se conoce como trama Gürtel. Luego llegó Zapatero, se le deshizo entre las manos la burbuja laboral heredada, volvió a dar una vuelta de tuerca a la flexibilidad laboral y vio crecer sus propios brotes negros de corrupción. Por último, Rajoy está desmantelando las pocas garantías laborales que quedaban, se le ha disparado el desempleo de manera desbocada y su partido nada en la corrupción a lo largo y ancho de España.

La historia de la democracia española es la historia de la flexibilidad laboral, del desamparo de los trabajadores, de fraudes fiscales, fortunas deshonestas, corrupción, despotismo o nepotismo, la historia de nunca acabar. Ningún gobierno, y todos lo sabían y lo saben, lucha contra la política de tierra quemada que practica el neoliberalismo. La competitividad y la flexibilidad son eufemismos de lo que históricamente se ha llamado esclavitud, o sea, el desamparo total de las personas para ser explotadas como en los países a los que se ha trasladado la producción mundial buscando el beneficio salvaje.

El gobierno predice creación de empleo y crecimiento. Los flamantes 98.000 trabajadores lo son a tiempo parcial, estacionales diría Soraya, con menos sueldo y quizás más horas que hace un año, con mayor desamparo ante el despido, la prestación por desempleo y su ya inalcanzable jubilación. El Gobernador del Banco de España aventura una solución aplaudida por la patronal y bendecida por Esperanza Aguirre: el salario mínimo entorpece la creación de empleo y el crecimiento y proponen eliminarlo como paso previo a los 100 euros de salario medio, de salario competitivo, el salario del desamparo total.

Aznar y Rouco: la momia y el exorcista

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El exilio en España debería estar subvencionado para el ciudadano de a pie. A diario se ve cómo se exilia el dinero a espuertas en paraísos fiscales, cómo se exilian la ética y la decencia de este paraíso impune de la corrupción, cómo se exilia la producción al paraíso competitivo del tercer mundo, cómo se exilia la juventud sin futuro al paraíso de los minijobs europeos o cómo se exilian los sueños y las esperanzas del yermo paraíso de un bipartidismo estéril. La última exiliada parece ser la inteligencia de muchos personajes que ocupan cargos de responsabilidad.

Para solicitar asilo en cualquier país del mundo, bastará con acreditar la nacionalidad española y se disfrutará de inmediato del estatus de refugiado. Fuera de las fronteras hispanas se observa la actualidad del país y no pasa desapercibido el retorno de muertos vivientes, momias, vampiros, hombres lobo, espíritus y todo tipo de ectoplasmas a la escena pública. En el extranjero son compresivos con un país que a la estafa financiera suma la estafa democrática y lo que va camino de ser una estafa intelectual.

En pocos días, a los vampiros tipo Bárcenas o Urdangarín, al hombre lobo de educación, a la esfinge de sanidad, a los fantasmas de la troika o al zombi de la Moncloa, se le ha sumado la momia. La momia ha concedido una entrevista a una cadena amiga, con periodistas amigos, para señalar a sus enemigos, a los enemigos de España. Horror y terror. Los enemigos del mundo son los notarios de la corrupción que consintió en su otra vida, quienes heredaron su burbuja sin querer explotarla y, ¡oh Belcebú! el propio faraón al que situó en el vértice de la pirámide del PP.

La momia se ha desprendido de sus vendas purulentas para denunciar que todo el mundo está equivocado y que el universo entero conspira contra ella. Todo el mundo menos quienes desfilaron por el Escorial en la boda iluminada de su familia o quienes alquilan su talento después de cobrar por comprarle una medalla. La momia ha salido del sarcófago para reclamar a su partido que resucite el proyecto del faraón del Pardo y cumpla un programa que los españoles desconocían cuando se cerraron las urnas en las útimas elecciones. La momia ha interpretado los resultados de las urnas como un arma de votación masiva mal aprovechada por su partido para bombardear España.

Esperaba la momia que su intervención distrajese de la Gürtel, del rescate, de la estafa, de Bankia, de las preferentes, del robo sanitario y educativo, de la represión policial, de los desahucios, del paro, de las reformas laborales y del vendaval neoliberal. Acto seguido ha resucitado otro adalid de la libertad y la democracia para el que todo el mundo no sólo está equivocado, sino que, además, vive en pecado. Aparece el exorcista en la escena con agua bendita en una mano y un crucifijo en la otra.

Después de evangelizar desde el BOE con la LOMCE y el proyecto de ley del aborto, el director comercial del Vaticano en España, ante la demanda creciente de su parroquia, ha decidido crear una falange de exorcistas para proteger a España de Satanás. Después de las rogativas de diversos políticos para que el cielo solucione el paro, después de recomendar encender velas a los santos para aliviar los efectos de la crisis, después de crucificar la escuela pública, después de separar a niños y niñas y de aconsejar más decoro indumentario a éstas, ha llegado el exorcista para combatir al diablo.

En este país, el exilio emprendido por la modernidad exige defensas apropiadas para combatir a la tropa que nos gobierna y amenaza civil y espiritualmente. La parte creyente de la sociedad se aferrará al crucifijo para librarse de ellos, el resto deberá echar mano de ajos, estacas y balas… de plata, claro, o tomar el camino del exilio por higiene mental.

El discurso del nazismo

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Hay vidas enteras de personas y de familias que caben en una caja de zapatos, en una caja de latón decorado o en un álbum con separadores de seda, cubiertas imitación de piel y doradas letras. Los cofres no hacen tesoros y una caja de zapatos, de latón, o un álbum no son nada sin las fotografías que albergan, historia en conserva para consumir preferentemente después de su fecha de caducidad. La historia y la vida, la memoria y el presente, el recuerdo y las perspectivas, están ahí para ser contrastadas cotidianamente y escucharlas para aprender.

Hay palabras rotundas que engarzan los relatos con precisión de relojero y permiten encajonar los capítulos de la experiencia vital en sonetos, quintillas e, incluso, pareados. Las palabras, por sí mismas, no hacen los poemas y se necesitan unas a otras para redondear la métrica del pensamiento y establecer la rima adecuada de lo razonable. También necesitan significados, concretos y consensuados, para comunicar y servir de puente entre las personas. Las ideas, estuchadas en palabras, sirven a la historia, la vida, la memoria, el presente, el recuerdo y las perspectivas.

Hay gentes que revuelven las cajas de la historia usando el lenguaje, las palabras, con la intención manifiesta de acomodar el pasado a su pensamiento presente, en lugar de observarlo con prudencia para no repetir errores y perfeccionar en lo posible la insoportable actualidad. Hay voces que tintan el hoy con el sepia de un pasado más negro que blanco, más gris que colorido. Hay voces que, hablando hacia atrás, desoyen las rimas y ponen en peligro la poesía del futuro. Hay voces que exigen una vigilia atenta para que el taladro de la manipulación no perfore los oídos.

Corrían los primeros años de la democracia cuando Alfonso Guerra, sotana de pana y labia descamisada, se subía a los populistas púlpitos y cargaba su poesía de pasado haciéndole un roto a Gabriel Celaya y su poesía cargada de futuro. ¡Que viene la derecha! ¡Que vuelve el franquismo! ¡Que viene el lobo! exhortaba, y la masa enardecida coreaba ¡Dales caña, Alfonso, dales caña! La apelación de Guerra al pasado reciente sirvió para dos cosas: una, para que el pueblo desplazara su advertencia al ámbito del chascarrillo recurrente, y, otra, para que la derecha hibernara su ideología real e irrenunciable a la espera de tiempos mejores.

Las tres últimas décadas han servido para varias cosas. 1: Alfonso Guerra y el PSOE evidenciaron que la S y la O eran letras ornamentales alejadas de su signifacado histórico; 2: Alianza Popular se travistió como PP y durmió plácidamente a la espera del beso de un príncipe azul; 3: el PSOE demostró con hechos y decretos que el militarismo, los contratos basura o la corrupción no eran patrimonio exclusivo de la derecha; 4: el PP despertó besado por Aznar y el pueblo comenzó a sospechar que ambos partidos guardaban indecentes parecidos; 5: los lobos pastorearon a sus anchas entre el rebaño desprevenido; 6: unos y otros impusieron el fraudulento bipartidismo; 7: el PP se ha quitado la piel de cordero y muestra su cruda naturaleza en sus políticas y, sobre todo, su discurso. Hay más “utilitarismo” en la transición, pero no hay que flagelarse hasta morir.

El PP ha recuperado, al más puro estilo Guerra, un estilo político y un discurso extraído de su rancio pasado y alejado de las realidades ciudadanas que habitan hoy España. Rescatar el nazismo, el fascismo, el comunismo o el terrorismo, como materia prima para armar el relato del presente, inquieta. Cuando el PP, sus medios y hasta la iglesia esgrimen palabras tan contundentes y las acompañan con un dedo criminalizador, están componiendo un poema pretérito de rima peligrosa y métrica desoladora.

Lo más sobrecogedor es el silencio, lúgubre, irracional, fúnebre, que intentan imponer a la voz del pueblo. Todo totalitarismo comienza por situar frente a una tapia, con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda, la libertad de expresión y de reunión. Sospecho que lo saben. Lo demás vendrá después.

Unos y otros debieran revisionar la película de Chaplin El gran dictador.