Fronteras asesinas

ceuta

La inmigración es un salto al vacío que ejecutan personas nacidas en un desierto de indignidad, cuando la sed les empuja a buscar líquido aun no siendo potable. Hablamos de personas, mutiladas de derechos desde su nacimiento, que huyen de sus infiernos buscando los paraísos mentidos por evangelizadores de toda suerte y laya. Ignoran hacia dónde van, les basta saber de dónde y de qué huyen. No saben que es imposible y por eso, a veces, lo consiguen. Intentarlo es su obligación, su vida.

El hemisferio sur, meridional es la pobreza en el mundo, produce vidas humanas marcadas, por ser del sur, para ser esclavas del norte expoliador y avaro. No existe norte sin sur, Alemania sin Mediterráneo, Europa sin África, ni Norteamérica sin colonia sudamericana. No hay venta sin producto, mercado sin mano de obra, beneficio sin sudor humano, ricos sin millones de pobres, dios sin diablo, ni hay amo sin esclavo. Desde el sur, atraídos por esperanzas inexactas, emigran seres humanos.

En el norte, conscientes de que sin pobres la riqueza es quimera, bípedos deshumanizados, entes de raza blanca, sienten la inmigración como amenaza. Así la venden y así la consumen los sectores menos sapiens en Europa y en España, en el norte liberal y católico de esta privilegiada parte del mundo. Los sureños de España, los perdedores de la estafa, los parados, quienes no tienen casa, los consumidores de caridad, los mal asalariados, temen perder algo –eso vende el gobierno– sin atinar a concretarlo.

El europeo alienado siente la llegada de inmigrantes como amenaza a su propia pobreza y eriza sus neuronas de concertinas y vallas. El gobierno protector, haciendo desmesura de tal amenaza, usándola como bálsamo para las brechas abiertas por sus políticas en España, apalea, expulsa, mata y engaña. Guardias civiles, con obediencia debida y conciencia uniformada, ha cargado sobre el hambre y la desesperación con el arsenal de despropósitos que remata sus uniformes de campaña. En Ceuta, antojo de España. ¿Qué más da su número cuando se trata de muertos que a casi nadie importan? ¿Dónde están los provida? ¿Dónde quienes rezan y cantan?

Sobrevivieron a guerras, tiranías, hambrunas, desiertos, alimañas y mafias, fueron supervivientes desde que nacieron hasta que la arena de una playa española les hizo de mortaja, junto a una de las copiosas fronteras asesinas que el mundo manchan. A casi nadie importan. Y para quienes sí que importan, miente y dramatiza un Delegado del Gobierno de España: “Policías de ambos países no recordaban un nivel similar de violencia por parte de los subsaharianos”. Un vídeo ilustra toda la violencia de uniformes, armas, vallas y cuchillas; en él se subrayan las pedradas y se ocultan botes de humo, balas de goma y otras armas.

Presunción de verdad concedida a policías de dos países casi primos hermanos en forma de gobierno, pujanza religiosa y respeto a los derechos humanos. Presunción de verdad para unas fuerzas de seguridad del estado español marcadas por su saña desproporcionada, previendo indultos de un gobierno que prima el miedo y la represión sobre el factor humano. El mismo gobierno que ofrece la inmigración a sus propios ciudadanos como salida para disputar limosnas en países que también, por pobres, les rechazan. La familia Urdangarín-Borbón es bien acogida en Suiza, el resto ya no.

El PP defiende a ultranza a un espermatozoide abrazado a un óvulo, rasga sus vestiduras, se escandaliza y llora por el nasciturus. Ahí se acaban sus lágrimas, votos a fin de cuentas. El mismo PP universaliza la pobreza en su país, desprecia a las víctimas del franquismo, le incomoda la justicia universal, pone precio a la salud, protege a Billy el Niño y a Muñecas, es amigo de arrasar Irak y hace de la sangre fiesta nacional. Ante su dios, Fernández Díaz pasa las cuentas del rosario, con dedos rojos de sangre (metáfora es, entiéndase), buscando El Camino y el indulto de José María Escrivá. A sus esbirros, monseñor Gallardón se lo concederá.

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Gobernar sin oposición.

Depositar un voto en una urna es hoy como escribir una carta a los reyes magos: una parte de la población sabe que no existen pero escribe por tradición, otra parte sabe que, aunque existan, defraudarán las ilusiones, otra parte se conformará con lo que dejen y, por último, unos diez millones de electores han dejado de creer y de escribir. Los políticos, como los reyes magos, a fuerza de incumplimientos, maquillaje de betún y barbas postizas, han consegido suprimir la magia y la ilusión de las esperanzas populares.

¿Para qué escribir una carta con caligrafía esmerada si los reyes se empeñan con obstinación en leer lo que no está escrito y en no descifrar sencillos mensajes que hasta un niño lee sin dificultad? ¿Para qué votar si los partidos se empecinan en hacer lo que no han escrito y en no escuchar lo que desde abajo se les pide? La abstención responde en cada cita electoral a estas preguntas desde un silencio irresponsable, desde el convencimiento erróneo de que votar no sirve de nada, desde la realidad que PP y PSOE presentan insistentemente de unos votos destinados a la papelera política.

Los partidos mayoritarios saben, como los reyes magos, que la cabalgata se celebrará acuda o no acuda gente al desfile y les importa un pimiento que, bajo los disfraces, el personal identifique nítidamente a corruptos profesionalizados, personajes ajenos a los partidos, prevaricadores o conseguidores sin escrúpulos. Tampoco les importa que en los escaparates electorales figuren sus patrocinadores mediáticos o financieros y sus superiores políticos de Alemania o EE.UU. Todos participan de la cabalgata, todos menos el pueblo, limitado a votar y recoger algún caramelo rancio.

La carencia más característica en una dictadura es la de una oposición honesta y fiable a la que el pueblo se pueda agarrar en caso de incumplimiento por parte de sus gobernantes. Hace tiempo, en los albores de nuestra democracia, los dos partidos mayoritarios en España se aplicaron para eliminar cualquier oposición que les pudiese alejar del disfrute del poder. Institucionalizaron los disfraces de Melchor y de Gaspar, que se han ido intercambiando en las sucesivas cabalgatas para cubrir las apariencias democráticas, y también el de Baltasar, reservado a PNV, CiU o IU para rematar el disfraz democrático y mostrar una fachada sufragista que en nada se corresponde con sus prácticas.

El pasado 20N, el rey Melchor se cayó estrepitosamente del camello y el PSOE perdió respaldo popular de manera tan alarmante que corre un serio riesgo de tener que pugnar por el disfraz de Baltasar en próximas elecciones. El PP se ha embutido el disfraz de rey Melchor y actúa sin disimulo ni vergüenza demócrata para borrar del mapa político al maltrecho Gaspar y a quienes optan por el papel de Baltasar e, incluso, por el de pajes. El PP se ha venido arriba de forma peligrosa y busca obcecado eliminar cualquier tipo de oposición.

Basta un leve ejercicio de memoria para recordar que algunas leyes que el PP elimina o sustituye hoy, en nombre de la mayoría, fueron aprobadas por un parlamento que contaba, tras los diputados electos en su momento, con mayor respaldo electoral del que ha recibido Mariano Rajoy con su mayoría absoluta. Melchor Rajoy gobierna hoy con menos votos obtenidos en las urnas que Gaspar Zapatero en 2008. La tozudez matemática muestra a un Rajoy exultante que no ha sido capaz de obtener mayor respaldo popular que su contrincante. Este Rajoy, presidente por accidente, es el que hoy nos lleva por derroteros peligrosos, dañinos y de formas dictatoriales.

Como se ve, el PP no atiende ni entiende las cartas que la ciudadanía escribió en 2011. El PSOE tampoco y ahora, tras el descalabro, está más preocupado por ver quién se debe poner el disfraz de nuevo rey mago que por leer las cartas electorales que dejó de recibir. Un PSOE sin su ideología natural equivale a un PSOE sin votos y a un PP sin oposición.

Ninguno tiene remedio democrático, por lo que habrá que sopesar detenidamente la posibilidad de cambiar de buzón a la hora de votar en adelante. Los buzones del PP y del PSOE van a parar al mismo cartero y la abstención es el paraíso electoral de ambos.

Sólo cabe, sin revolución, dar más fuerza a más candidatos para vestir los ropajes de rey Melchor. La competencia entre muchos candidatos y la imposibilidad de alcanzar el poder absoluto es la única garantía de que la estafa bipartidista acabe cuanto antes. Esto, la tipificación dura y real, en el código penal, del incumplimiento electoral y ver en la cárcel a corruptos y prevaricadores.

Los dos gobiernos de España.

Siguiendo la estela política de lo que va de 2012, se puede decir que España ha pasado de tener un gobierno mediocre, a salto de mata, durante siete años, a tener dos gobiernos simultáneos. Uno de ellos mediocre y el otro peligroso.

En las actuales circunstancias que hacen zozobrar a Europa, todos los gobiernos se han instalado en la mediocridad de servir a los intereses financieros dando las espaldas a los diferentes pueblos que les han votado. Buscan las castas políticas -que se han subido como polizones y ratas al barco de la crisis- el beneficio propio, con la esperanza de que la estafa económica les afecte en menor medida que a sus votantes. Así han obrado Sócrates y Passos Coelho en Portugal; Berlusconi y Monti en Italia; Papandreu, Papademos, Pikreammenos y Samarás en Grecia; Ahern, Cowen y Kenny en Irlanda; y Zapatero y Rajoy en España. Eso en cuanto a países productores de mano de obra barata.

La originalidad de España radica en que la llegada al poder del PP ha hecho que dos gobiernos nítidamente diferenciados estén actuando al mismo tiempo de forma inequívoca y contundente bajo la dirección de uno de los políticos más mediocres que ha dado el país, Don Mariano Rajoy Brey, a su vez manejado desde la FAES por un grupo de ideólogos rancios que actúan bajo la tutela y vigilancia de Aznar. El experimento les está saliendo a pedir de boca, teniendo en cuenta que sólo cuentan con la oposición de un pueblo abandonado como un amante de pago que ya depositó su voto.

El mediocre gobierno económico, también ideológico, se encarga de obedecer las directrices que le imponen desde Europa la banca y los países beneficiarios, en especial Alemania, de la pobreza española. Se trata de un gobierno feroz y mudo ante sus votantes, que vuelven a enterarse de su destino presente y futuro a través de la prensa extranjera, un revival de “La Pirenaica” versión siglo XXI. Es un gobierno mediocre que descapitaliza las cuentas corrientes y las vidas de los ciudadanos para capitalizar a una banca tramposa e intocable. Sus cabezas visibles, De Guindos y Montoro, anuncian día a día sus fechorías con retruécanos y metáforas imposibles de la imposición y el castigo que están infringiendo a los inocentes.

El peligroso gobierno ideológico, también económico, es el encargado de saquear la modernidad del país devolviéndolo a su estado preconstitucional tan del gusto del gabinete presidencial y del partido en el poder. En esta ocupación se encuentran la mayoría de los ministros y otros altos cargos, empeñados en finalizar su obra en tiempo record y sin mirar los costes que supondrá para todos los españoles presentes y futuros. La vuelta al pasado es el golpe pendular que la crisis y la mayoría absoluta y absurda (demasiadas personas les han votado para castigar al gobierno anterior) les ha concedido para abrir de par en par las puertas del armario que la democracia creyó inocentemente haber cerrado.

Cada cual está jugando su papel de forma sincronizada. Sáez de Santamaría es la menina que hace bulto en el cuadro; Wert devuelve la educación a la condición de lujo inalcanzable para la mayoría; Mato ha colocado el uniforme de la beneficiencia al derecho a la salud; Fernández Díaz ha devuelto la presunción de culpabilidad al pueblo asistido por la represión legislativa y la agresión física; Báñez ha propiciado que el señorito recupere su derecho a escoger peones baratos y sin derechos entre los desocupados; Soria ha recuperado el “que inventen ellos” y la emigración como destino de investigadores patrios; Morenés ha puesto en valor el papel de la cabra legionaria señalando Ceuta y Melilla como ejes de la política de defensa; Margallo se cura la nostalgia colonial con el contubernio cubano y el protagonismo en el Sahara; y Gallardón… -¡Ay, Gallardón!- ha cambiado la balanza de la justicia por un crucifijo y un rosario.

Los hechos están ahí: represión desproporcionada, brutalidad policial, criminalización de la libertad de espresión, censura o silencio, manipulación informativa, amenazas y persecución a disidentes, encarecimiento de la educación, supresión de la universalidad de la sanidad, desprotección de los trabajadores, menosprecio a las víctimas del franquismo, homenajes y reconocimientos a la memoria franquista, penalización del aborto, acoso y derribo a la homosexualidad, privilegios a la iglesia, comprensión e indulto para los estafadores, etc., etc., etc. Cada día algo nuevo.

Ambos gobiernos, mediocres y peligrosos, actúan como uno sólo, sincronizados, apoyando el discurso económico y el ideológico en nuestro sentimiento de culpa y en un paternalismo decimonónico basado en un “quien te quiere te hará sufrir” a todas luces falso e inaceptable.

La bicefalia gubernamental se rige por el principio de que “la letra con sangre entra”.

Mediocridad y peligrosidad a partes iguales.