El gobierno te suicida por tu bien

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Según la Organización Mundial de la Salud, el tabaco es la primera causa de invalidez y muerte prematura del mundo. En España cada año mueren más de 50.000 personas debido al consumo de tabaco, más que por los accidentes de tráfico y el consumo de todas las drogas ilegales juntas. 700.000 menores de 14 años están expuestos diariamente al humo de tabaco en sus hogares. Los gastos sanitarios atribuibles al tabaquismo en 2008 ascendieron a 14.710 millones y los ingresos por impuestos procedentes del tabaco fueron 9.266 millones de euros.

 En el mismo 2008, las empresas españolas perdieron 7.840 millones de euros como consecuencia del tabaquismo (76% por pérdida de productividad, 20% por costes adicionales de limpieza y conservación de instalaciones, y el resto por absentismo laboral). Las cajetillas vendidas en 2011 alcanzaron un valor de 11.339,7 millones de euros y 631,28 millones el tabaco de liar. Una cajetilla diaria supone un gasto anual de 1.588 euros al año. Las ventas de cigarros cayeron un 25,65% tras dos años de aplicación de la Ley Antitabaco.

A pesar de los datos, a pesar de las evidencias, el gobierno de España está dispuesto a sacrificar una de las pocas leyes aprobadas con sentido común, en la última década, en beneficio de la ciudadanía. Para el PP, es sano plegarse al chantaje de Mr. Adelson y seguir matando, enfermando y perdiendo dinero, a cambio de 50.000 ó 200.000 empleos que, dicen, generará Eurovegas en Madrid. Alguien podría tener la tentación de afirmar que el Partido Popular es cómplice de 50.000 muertes anuales para satisfacer negocios privados.

Gracias al humo del tabaco, no se habla de otras reformas legales a la medida del capo de la ruleta como la tributación por las ganancias en su negocio o las condiciones laborales de sus trabajadores. A las reformas impuestas por la troika, el gobierno añade las impuestas por un personaje vestido de sospecha y vigilado estrechamente por los gobiernos de los países en los que opera. A la corte pepera no le importa interpretar una nueva versión de Bienvenido Mr. Marshall a costa, en este caso, de la salud y las vidas de los españoles.

No se han escuchado las voces en contra de asociaciones como Hazte Oír, Derecho a Vivir o Pro Vida, ni la de la Conferencia Episcopal, ni la de los Kikos, ni la del Opus Dei, ni la de Don Alberto Ruiz Gallardón, ultradefensores de la vida en nombre de dios y cómplices silenciosos de la muerte en nombre del dinero. Pura ideología, puro integrismo religioso, pura hipocresía. No ha habido un millón y medio de manifestantes en Madrid, ni una sola voz se ha alzado para denunciar un cambio de ley a favor de un asesino, el tabaco, de 50.000 víctimas al año.

Si el dinero y el empleo son prioridades irrenunciables para el gobierno, si su moral flexible permite al presidente del gobierno plegarse a los caprichos de un padrino del juego o a la presidenta de Castilla La Mancha hacer la vista gorda sobre la violación de los derechos humanos ante el Partido Comunista Chino, hay otras posibilidades. Dado que todo vale por el bien del pueblo y de sus bolsillos, no debe temer el gobierno acometer medidas audaces para combatir el paro y la crisis que tanto le preocupan.

Por clima, orografía, cultura agraria y otros motivos, España reúne las condiciones idóneas para cultivar, manufacturar, comercializar y exportar marihuana. A 4 ó 5 euros el gramo, ¿se imaginarán De Guindos la riqueza potencial, Fátima Báñez los posibles puestos de trabajo, Montoro los impuestos recaudables o Ana Mato el bienestar a disfrutar? Al beneficio económico se añade la plusvalía electoral y el valor añadido de una población adormilada sin necesidad de vedettes del deporte, prensa amarilla o televisión basura. Un pueblo “colocado” es un pueblo dócil, la troika lo agradecerá.

Se sabe que no pocas personalidades del partido del gobierno beben más de la cuenta. Se desconoce si fuman porros en la intimidad. Capaces son de hacerlo y no pasarlos.

Indultos e insultos

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Un indulto es una gracia por la cual se remite total o parcialmente o se conmuta una pena. Corresponde al Consejo de Ministros proponerlo y a Su Campechana Majestad firmarlo y concederlo. Desde hace años, los indultos en España se obstinan en ser, más que una gracia, un cachondeo, una burla al más elemental sentido de la justicia, un regate al respeto cívico, una ágil pirueta sobre el decoro. La extravagancia en los los indultos hispanos se refleja en la capacidad indultadora atribuida al presidente de los suplicios taurinos o en la suplantación del Jefe del Estado por el Cristo del Perdón en Málaga.

Todos los gobiernos de España han utilizado alguna vez el indulto como antojo de embarazada primeriza, produciendo enojo en gran parte de la población y distanciándolo del concepto de justicia. Gallardón se ha estrenado en el arte de los indultos arcanos, Montoro se ha lucido con su amnistía, un indulto tan generalizado como injusto, y Aguirre ha desfigurado la condena de Carromero hasta homologarla en la práctica a un indulto. Se indulta a Adelson antes de cometer delito, se indulta a la banca de la estafa global, se indulta a las multinacionales que pactan precios, se indulta la corrupción bajo una manta de buenos propósitos y se indulta a los mossos de escuadra convirtiendo el indulto en insulto social.

Santiago del Valle, condenado por el asesinato de la niña Mari Luz, ha solicitado su indulto, del que los medios destacan la ortografía y la gramática como enjundia informativa, aprovechando la barahúnda que envuelve al gobierno, a la oposición y a la ciudadanía. Sin entrar a valorar su juicio y condena, llama la atención que este ciudadano se sienta legitimado para pedir el indulto. Un país no puede estar bien de salud cuando dispensa indultos como genéricos sin receta, haciendo pensar que cualquiera puede acceder a ellos aunque su solicitud no participe de la excelsa ortografía del despacho donde trabaja Gallardón Junior.

La indulgencia de los gobiernos para con quienes no la merecen es tan notoria como su férrea indiferencia hacia quienes tienen soldadas sus vidas a una abyecta hipoteca con suelo, cosidas a una infame preferente o grapadas a un indestructible contrato de telefonía. Son los gobiernos quienes condenan a sus ciudadanos al yugo empresarial y a las flechas financieras, los mismos gobiernos que, tarde o temprano, sientan a sus componentes en en los consejos de administración de las empresas o a los empresarios en el Consejo de Ministros.

Los pecados mortales se indultan, se disimulan o se premian con insultantes puestos en Bankia, Telefónica, Iberdrola, La Caixa o Endesa. Los pecados veniales se castigan con recortes, impuestos, paro y desprecio cada vez menos disimulado. Ya, para los creyentes, no queda ni tan siquiera el recurso de la absolución porque, a la vista de lo que quizás está pasando en el Vaticano, ni los ministros de Dios son de fiar. Y para colmo, los sobres que recibe la población en general sólo contienen facturas, multas, requerimientos o publicidad, ni una sola carta de amor, ni un miserable billete de quinientos.

La élite política se autoindulta cuando prevarica, cuando evade, cuando se corrompe, cuando miente y cuando incumple sus programas. Lo siente mucho y proclama que no volverá a ocurrir. La justicia no es, triste evidencia, igual para todos los españoles. A pesar de todo, no renuncio, no tiro la toalla, porque estoy jodida pero contenta.

España ante el espejo

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España vuelve a mirarse en el espejo arrugado de la historia con ojos deslucidos que no le permiten ver su mustio presente con la crudeza que reflejan los rostros de sus habitantes. A la hora de mirarse al espejo, el pueblo fija la vista en detalles superfluos y ornamentales que le distraen y le ayudan a esquivar sus propias pupilas, esas que hablan desde el interior de cada persona cuando se contempla a sí misma. La gente elige atender el orden estético y posar los cinco sentidos en posibles descuidos indumentarios antes que sobre la pulcritud del alma y el aseo de la conciencia, prefiriendo acicalarse para ser mirada en lugar de hacerlo para ser interpelada.

Los espejos de cristal desertaron de los hogares cuando los invasores tubos catódicos les derrotaron en la tarea de reproducir la imagen de sus moradores y responder a la pregunta ¿quién es la más guapa?” También venció el usurpador en la misión de mostrar una realidad alternativa, al otro lado del espejo, capaz de ofrecer un país de las maravillas distinto cada día y diferente para cada persona. La televisión ha mostrado sobrada capacidad para que el público acepte la fantasía como única realidad posible, dado el desagradable ejercicio que supone para cualquiera reconocer su propia miseria, la mezquindad de la vida y la orfandad de perspectivas futuras que devuelven hoy los espejos cuando se les mira a los ojos.

El país de las maravillas ofrecido desde el otro lado del plasma permite a la ciudadanía arropar su desconsuelo con la raída manta de las desgracias ajenas y proliferan programas donde personajes lamentables no dudan en desnudar sus cuerpos y, aún más deplorable, sus mentes para demostrar que el espectador no es lo más penoso y desdeñable de la humanidad. Son modelos que copan un porcentaje desolador de la parrila en cualquiera de los canales que un dedo puede seleccionar a distancia. La identificación con el producto televisivo permite al espectador conservar una remota sensación de libertad para elegir hasta ver en el espejo rostros y cerebros mucho más deteriorados que los suyos. Son estos entretenimientos eufemismos visuales de la alienación.

El espejo de plasma también muestra una versión oficial de la realidad, grata y útil para quienes escriben el guión y manejan la cámara en cada época determinada o de quién mueve los hilos de las marionetas que la interpretan. Sin rubor, se muestran como oportunidades negocios que, en otros momentos, eran y serán simple y llanamente alteraciones de la legalidad en favor de intereses privados. Eurovegas, por ejemplo, es un remake gansteril de los años 30, Adelson es un sosias de Al Capone, la corrupción de estado es el decorado para la acción y el pueblo es el repertorio de figurantes damnificados por unos y por otros. Se trata de una deplorable imagen virtual que los gobernantes ofrecen como alternativa a la insoportable realidad de los gobernados.

La versión oficial muestra la corrupción política de este país como el reflejo de quien se contempla en el espejo, del espectador acusado de ser el gusano que pudre el fruto patrio. Son las carcomas del estado, entre bocado y bocado a los cimientos sociales, quienes tildan de gusano al pueblo, quienes le acusan de querer sobrevivir y quienes proponen como modelos a seguir, por ejemplo, a Amancio Ortega, Botín, Bárcenas, Urdangarín, Báltar, Mulas, la familia municipal de Manilva (Málaga) y otros creadores de ilusiones millonarias al alcance de cualquier ciudadano que, desprovisto de imagen ética en su espejo, carezca de escrúpulos para colocar la miseria tercermundista, la corrupción y la codiciosa especulación (distorsión de un espejo) en la lista Forbes o en paraísos fiscales. Son espejos a los que mirar para distraer de la versión original.

Si se apagaran los televisores, las miradas inquietas quizás encontrarían en algún rincón de cualquier hogar, agazapada, una tabla de cristal azogado por su parte posterior que refleja los objetos situados delante de ella, incluidas las personas. Se llama espejo y no engaña.

Aguirre, la caza y los talentos.

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La escopeta nacional vuelve a echar humo sobre la actualidad al tiempo que dispersa perdigones sobre la ética y la estética. La aristocracia se divierte con la pólvora desde los albores de la civilización y la nobleza española no deja pasar ninguna ocasión para apretar el gatillo en cualquier lugar, en cualquier momento, sobre cualquier pieza. No hace mucho, el nieto Froilán, a sus trece años, se disparó en un pie mientras practicaba tiro, según comunicó la Casa Real, o al limpiar las armas, según su aristocrático padre. El propio monarca distraía, poco después, sus problemas familiares y los de su reino destripando elefantes a tiros y no se sabe si dispensando algún gatillazo extra en la intimidad.

Ahora, Doña Esperanza Fuencisla Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Murillo y grande de España, experta en tiro político al ciudadano, anuncia que compaginará la trinchera política con un puesto de caza al reclamo en Seeliger y Conde, empresa experta en utilizar la imagen de personajes públicos para proyectar sus negocios. Seeliger, casualidad o no, se parece al apellido de John Dillinger, asaltante de bancos en los años 20, o a nombres de pistolas como Derringer o Luger. Casualidad o no, el segundo nombre de la empresa es Conde y cada cual lo hile como quiera. Esta empresa de cazatalentos utilizó a Urdangarín, para lo mismo que a Esperanza Fuencisla, y quedaron satisfechos con él a pesar de su fracaso en la cacería de talentos futboleros.

No es el primer caso en que una empresa ficha a una figura política con la filantrópica intención de aprovechar su imagen, sus contactos y sus relaciones con gobiernos para “ampliar mercados”, una inversión más barata y efectiva que la tradicional publicidad, comerciales de lujo para negocios multimillonarios. La condesa Aguirre ha aceptado la mamandurria privada sin soltar la mamandurria política. Seelinger y Conde han constatado su facilidad en el disparo sobre bandadas de funcionarios, manadas de sindicalistas, reatas de escolares, rebaños de enfermos y toda la fauna que se le ha puesto a tiro, incluidos sus propios compañeros de partido.

En cuanto a “talentos” es de suponer que el concepto sobrepasa sus habilidades, a tenor de la mediocre corte política de la que se ha rodeado en su reino madrileño: perfiles grises con evidentes deficiencias comunicativas pero de probadas dotes para el trapicheo político empresarial. Lasketty, Güemes, González y algunos más dan fe de ello. Esta bisoña cazadora de talentos disfruta descargando su arma contra los talentos españoles que estudian, investigan y se se refugian en Alemania o en cualquier otro país que aprecie el talento español. Ella aprecia talentos como el de Carromero, que volvió de su cacería cubana con dos piezas erróneamente abatidas. También disfruta ejerciendo de anfitriona de talentos como Adelson, en cuyo honor es capaz de vaciar el cargador sobre la ley.

Con la autoridad que le confieren su árbol genealógico y el calibre de su escopeta, esta accidental funcionaria de turismo practica exactamente lo mismo que, según ella, hacen los galenos al alternar las consultas públicas y las privadas. Su sangre azul y su carencia de vergüenza, le evitan el mal trago de ponerse colorada a la hora de defender que ella sí puede conpatibillizar su cargo de presidenta de un rebaño político con el de cazadora de talentos y de fortunas. La puerta giratoria, la doble moral, la doble contabilidad, el doble de beneficio, la doble Esperanza.

Un bardo cazador como Miguel Delibes propuso, en su libro Los santos inocentes, una forma directa y expeditiva de acabar con los abusos sobre el pueblo llano de la élite cazadora. La escena fue interpretada en el cine por un Paco Rabal, genial y comunista, que izó al señorito Juan Diego, genial y comunista, hasta la copa de un árbol similar al que solía utilizar para el reposo su amada y cazada Milana. ¡Quiá, quiá, Milana bonita!

Bonnie Aguirre & Clyde Rajoy se separan.

Uno de los productos más genuinos surgidos de la Gran Depresión de 1929 fueron las bandas de gánsters que tomaron las calles y alargaron sus tentáculos desde el puesto callejero de perritos calientes hasta los sillones de congresistas y senadores. Sus métodos, basados en la amenaza y el chantaje, les ofrecían unos beneficios económicos y sociales que algunos invirtieron en empresas y negocios desde los cuales siguieron practicando su propia economía cada vez a mayor escala. La unión de varios gánsters de barrio dio lugar al nacimiento de bandas o clanes organizados y la unión de varios de éstos a una familia. Poco más o menos como sucede hoy con los grupos y fusiones empresariales, financieras e incluso políticas.

Una banda de gánster que se precie debe contar con un padrino, un par de lugartenientes, matones (muchos matones), socios externos para blanquear e invertir el dinero sucio, un par de automóviles negros, un arsenal de armamento ligero, un par de garitos de reunión, una o dos rubias enamoradizas y una indumentaria reconocible en la calle y los despachos por propios y extraños. Sus objetivos son el dominio absoluto de la calle y los despachos y la vigilancia de las familias rivales que operan en su mismo territorio. Siempre es buena la competencia por si se necesita un aliado contra un rival más fuerte que pueda surgir o venir del exterior.

A menudo, los choques de intereses producen sangrientas refriegas entre dos clanes o escarmientos y destierros en el seno de la propia banda. Son frecuentes las traiciones entre sus miembros y las venganzas forman parte del menú que les nutre y hace fuertes. En contadas ocasiones, algún miembro aislado o algún clan se pasan a la familia rival por afinidad con el padrino enemigo o por aversión manifiesta hacia el protector. El ambiente interno de la banda mantiene en tensión continua a todos sus integrantes que suelen sentirse vigilados con miradas de sospecha sobre sus nucas.

Es aproximadamente lo que está ocurriendo en la Familia Popular desde que conquistaron la calle y Mariano Rajoy ocupó la cátedra de la Moncloa. Conseguido el objetivo de arrebatar el domino a la Familia Socialista, han comenzado a recorrer las calles y los despachos con sus flamantes trajes azules y con la gaviota azul bordada en la cinta roja y gualda que rodea la copa de sus sombreros. Su presentación en sociedad ha sido bien recibida por los padrinos empresariales y financieros para los que trabajan y que se benefician grandemente de sus actuaciones callejeras sobre la población. Varias ráfagas de metralleta y algunos sabotajes flagrantes han recortado la salud, la educación, el bolsillo y los derechos de una población que deambula por la calle sintiendo acariciados sus rostros por los gélidos aires de pobreza y desamparo de la crisis.

La tarea de calle la han ejecutado con la rapidez y el acierto de una emboscada perfectamente planificada de antemano, pero se ha desencadenado una lucha interna por el poder. La rubia enamoradiza del garito madrileño de Sol viene maquinando dentro de la Familia Popular su venganza despechada desde que el capo Aznar le dio calabazas y designó como sucesor a Mariano Rajoy. Los matones y espías del clan de Los Madriles llevan años entregados a los ajustes de cuentas y al espionaje de miembros del clan de Los Genoveses, lo que le ha hecho ganar a la rubia Aguirre tantos enemigos dentro de la Familia como fuera de ella. Para su última maniobra ha buscado el apoyo de Adelson, un padrino venido de las Vegas, y esto parece que ha provocado la pérdida de la confianza por parte del capo Rajoy y ha sido la causa de su salida provisional de la Familia.

En los lúgubres pasillos del garito de la calle Génova se respira el ambiente denso de la conspiración. De las puertas entreabiertas de los despachos salen vaharadas de polvora recien disparada y el nerviosismo de las berettas, alojadas en las sobaqueras de sus ocupantes, dejan un delator cerco de sudor en las camisas. Entre la neblina de la disputa caminan con paso apresurado, la cabeza gacha, la visera del sombrero a ras de las cejas y las gabardinas abultadas por sobres y carpetas clasificadas, recaderos de uno y otro clan cuyo recelo mutuo se puede oler cuando se cruzan.

En Génova se mastica la tragedia mientras la ciudadanía traga todas y cada una de las medidas que la Familia Popular adopta para sacar de la recesión a sus banqueros e inversores como forma de asegurar la privilegiada posición de dominio de los miembros de la Familia.

La Familia Socialista anda lamiéndose las heridas de su derrota y buscando desesperadamente recuperar el poder. Si permanece obstinada en utilizar las mismas armas y los mismos métodos, continuarán disputando a bandas de barrio las sórdidas calles del extrarradio nacional.