El maestrillo y su librillo

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Uno de los principales objetivos y logros de la II República fue dotar al pueblo del arma más apropiada para defenderse: la educación. La Institución Libre de Enseñanza (1876-1936) quiso independizar la educación de dogmatismos religiosos, políticos o morales. Las Misiones Pedagógicas establecieron trincheras culturales para contener primero y combatir después el secular analfabetismo. Hasta el golpe de estado de Franco, que alcanzó a la educación pública y llenó cunetas y fosas de prosa y poesía, de máscaras y pinceles, de filosofía y partituras, de raíces cuadradas y geometría, de pedagogía.

La escuela del franquismo fue una milicia bicéfala al servicio de curas y generales. El nacional catolicismo escribió sus torcidos renglones en cartillas, catecismos, enciclopedias y catones, los libros que reeducaron a los vencidos y a su descendencia con la eficiente pedagogía de “la letra con sangre entra”. De nuevo los Reyes Católicos y la unidad de España, la raza hispana, con flores a María, por el imperio hacia Dios y la equis como rúbrica analfabeta.

La agonía de Franco y la cesárea constitucional retomaron el pulso educativo entre lo viejo y lo nuevo, la leña y la savia, la oscuridad y la luz. Los Movimientos de Renovación Pedagógica contemplaron la elaboración de materiales curriculares como alternativa al corsé del libro de texto y en algún colegio así se hizo, en alguno, en muy pocos, en casi ninguno. Se trataba de que los maestros elaborasen sus propios libros con las aptitudes adquiridas en la universidad y las actitudes que demandaba el nuevo tiempo.

El libro de texto, concebido como herramienta de transmisión de conocimientos y dogmas, asentado en la cómoda y displicente rutina funcionarial, se vio amenazado junto a las empresas editoriales y el lobby católico. Santillana (PRISA) y Anaya copan más del 50% del mercado en la escuela pública y una porción importante en la privada. El resto del pastel se lo reparten SM (Compañía de María), Edelvives (Maristas), Edebé (Salesianos), Bruño (la Salle) y otras editoriales con presencia especializada en áreas no troncales.

El negocio editorial se basa en el marketing y en técnicas comerciales, tan arraigadas como innobles, que exploran la debilidad humana con el periscopio del obsequio al maestro o al colegio. También se nutre de la permisibilidad administrativa ante el incumplimiento de la ley que obliga a mantener el mismo libro durante al menos cuatro años y de modificaciones en las ediciones con un criterio más lucrativo que pedagógico.

Hay libros que priman el adoctrinamiento sutil de la infancia y la juventud en función de la posición ideológica de quienes los conciben, imprimen, encuadernan y distribuyen. El reciente caso del tratamiento de la muerte de Lorca o el exilio de Machado por la editorial Anaya es un ejemplo de adiestramiento escolar al servicio de una ideología. Más nocivo resulta el empeño del ministro Wert para que el neoliberalismo ocupe un lugar preponderante en el currículum escolar o que la religión compute para lograr una beca.

En las oposiciones de primaria, una de las pruebas consiste en preparar una unidad didáctica. En la universidad enseñan a los futuros docentes a programar y elaborar herramientas procedimentales para enseñar contenidos. Se puede enseñar y aprender utilizando la biblioteca de aula y los recursos que la tecnología pone al alcance de profesorado y alumnado. Sin embargo, en estas fechas, se vuelve a demostrar que la enseñanza sigue sujeta a la pedagogía del mercado.

Leamos la letra pequeña

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Vivimos en un país lleno de pequeñas letras que conforman el diccionario cotidiano de dolores y desconsuelos hogareños. La letra grande, mayúscula o versalitas, se reserva para la mentira y la manipulación. España, donde el libro de Belén Esteban ocupa el primer puesto de los más vendidos, no está preparada para hacer una lectura comprensiva de la realidad ni, mucho menos, de la letra pequeña por la que ésta se hace acompañar.

Que la Comisión Europea tenga que interpretar las cláusulas hipotecarias o las preferentes para decirle al gobierno que son ilegales, es una vergüenza además de un delito institucionalizado. Que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tenga que interpretar el código penal español para declarar que la doctrina Parot es ilegal, es otra vergüenza. Todo ello en un país con 139.000 letrados, diez por kilómetro cuadrado, y que tiene en Lucena (42.000 habitantes) más de 6.000 abogados colegiados.

La letra pequeña de España no es un problema de comprensión lectora del pueblo, sino de escritura torticera consentida por el poder con la complicidad de quienes están capacitados para interpretarla de oficio y no lo hacen. Por si no fuese suficiente para la ciudadanía de a pie asumir todas las letras pequeñas habidas y por haber, Gallardón ha impuesto un disuasorio precio a los intérpretes legales. A los españoles no les basta con saber leer si no pueden pagar una toga.

Hay que defenderse de escritores de letra cuerpo 5, adictos a asteriscos, paréntesis y notas a pie de página. El anuncio de un coche ofrece un precio con mayúsculas a un tercio de pantalla mientras, a velocidad endiablada, corre a pie de pantalla el sobreprecio en letra pequeña. La pantalla azul que aconseja leer las instrucciones de los medicamentos y consultar al famacéutico exime a la industria de posibles desastres si no sabes qué es el sorbitol y desconoces si padeces una probable intolerancia hereditaria a la fructosa. Y, en estas fechas, los juguetes se venden por separado y la infancia comprende perfectamente lo que es una simulación ficticia. Pecata minuta.

Habituada al goteo incesante de timos, fraudes, engaños y sisas, la ciudadanía parece inmune a las estafas a gran escala. Contribuye a ello el gobierno al aseverar con mayúsculas que España no ha sido rescatada o que la sanidad y la educación son universales y gratuitas. En letra pequeña viene recogido que el rescate de la banca lo pagaremos todos los españoles de nuestro bolsillo y, en letra normal, que la juventud ha perdido las becas o que repagamos al boticario los medicamentos.

Después de dejar en el paro a media España, Fátima Báñez y Luis De Guindos anuncian en mayúsculas que se está creando empleo. La letra pequeña de la precariedad y la temporalidad inunda las nóminas y el total a pagar es casi ilegible. Conviene recordar, una vez más, que los más grandes generadores de empleo de la historia fueron los faraones egipcios y los propietarios de los campos de algodón de Luisiana. Hoy, China y la India son ejemplos actualizados de aquéllos. Como ellos, el gobierno del PP ha puesto las bases para el pleno empleo.

Rajoy presenta 2014 como un buen año, el año de la recuperación según él. No se trata de que vayamos a recuperar lo que nos han quitado para siempre, porque nuestros hijos y nietos estudiarán si hay dinero, sanaremos si hay dinero, tendremos vivienda o calefacción si hay dinero y comeremos si hay dinero. Se trata de que los mercados han dado por finalizada la crisis y se aprestan a recoger beneficios. La letra pequeña de tu vida indica que tienes, si lo tienes, el dinero justo para malvivir. La letra mayúscula de Wall Street indica que ha obtenido los mejores beneficios en veinticinco años y la del Ibex 35 que ha ganado un 21% en 2013. Les hemos salvado.

Publicidad y propaganda

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La publicidad es el arte de decorar las necesidades con triviales artificios, añadiendoles quimeras y oropeles que no ayudan a mitigarlas y que actúan por sí mismos como nuevas necesidades. Otras veces, la publicidad acompaña el producto ofertado con valores añadidos, presuntamente gratuitos, que pasan la factura al subconciente del comprador sin hacer ruido, de manera amigable, como quien no quiere la cosa. Es peligrosa la publicidad, nada inocente.

Todo reclamo tiene varios precios que acompañan al de mercado, que fluctuan entre el bolsillo y los sentimientos, que saltan desde la estética hasta la cartera, que resbalan por el frío tobogán del individualismo consumista y que confluyen en el necio equiparando valor con precio. Al adquirir un producto, suele pagarse un complejo kit, accesorio y no solicitado, que comprende desde un llamativo envoltorio externo hasta subliminales piezas psicológicas de difícil detección.

Cocacola invierte más en publicidad que en el proceso industrial que rodea al refresco, pagando el consumidor, por tanto, más publicidad que bebida. La fórmula publicitaria empleada vende mucho más que burbujas enlatadas, algo más que chispas de vida, más que un vulgar refresco. Una lata de Cocacola vende un estilo de vida, sueños imposibles, libertad de laboratorio… vende, en definitiva, sumisión al consumo y falsas evasiones.

Bajo apariencia de noticia, se ha colado en “prime time” de radios y televisiones y en las portadas de la prensa, propaganda de alto standing, una impagable publicidad a la salud de la monárquica cojera. La clínica Mayo ha disfrutado de una campaña con un valor de mercado incalculable. El rey ha servido para ensalzar la panacea de la sanidad privada junto a un médico ONG que no cobra por la fácil operación y a quien su empresa compensará por su cameo en el aristocrático spot. La nobleza y la oligarquía europeas han vuelto a poner en el mapa de sus achaques la clínica Mayo y la Quirón, sus virtudes y sus tarifas.

La operación, convertida en anuncio multimedia, ha vendido otras muchas ideas que cada consumidor ha podido ingerir junto a partes médicos, ruedas de prensa, visitas de ringorrango y declaraciones varias. Privada o pública, masificación o personalización, americano o español, monarquía o república, sangre azul o roja, son algunas de las ideas fuerza subliminales que han acompañado al publirreportaje de las reales prótesis.

Bajo apariencia publicitaria, se ha colado una aberración comunicativa perpetrada por el fabricante de autos Peugeot y Citröen en una campaña interna de Prevención de Riesgos Laborales. A falta de ojos lesionados por el trabajo, han incluido una foto de Ester Quintana mostrando el cráter provocado por un mosso de escuadra en una cuenca ocular mientras, desde la otra, el ojo superviviente luce lánguido por la represión, la injusticia y la impunidad. La boca de la luchadora, en negro amordazada, sirve de soporte para el lema de la campaña.

Peugeot-Citröen vende una necesidad a sus trabajadores: los ojos son una de las partes más delicadas del cuerpo humano. También les vende una mordaza para la boca en el caso de que, como Ester, deseen mostrar su disconformidad con el sistema, con la empresa. Y sobre la mordaza el mensaje: Tú eres consciente (responsable: la culpa es de Ester). Identifica los riesgos y evítalos (reclamar derechos es un riesgo. En casa no disparan los mossos) con comportamientos seguros (ver la tele o pasear en unos grandes almacenes, lejos de algarabías callejeras, en silencio, como prefieren los poderosos).

Publicidad útil, eficaz y políticamente correcta:

Una cosa indescriptible que pasa como publicidad:

El Gran Hermano te espía

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Han entrado en la vida con la naturalidad de una flor, el sigilo de una caries, la inocencia de un amanecer y el descaro de una cana. Han sido aceptadas como en su momento lo fueron la luz eléctrica, los ingenios mecánicos o el plástico, con aplausos inmediatos y adhesiones generalizadas. Las nuevas tecnologías se han desplegado sobre la sociedad de forma irremisible, con un sentido general positivo y graves matices negativos.

Internet nació como herramienta del Pentágono y su desarrollo persigue establecer la sociedad descrita por George Orwell en su 1984. De esta novela arrancan conceptos malvadamente contemporáneos como Gran Hermano, neolengua y policía del pensamiento, usados por el Partido Único para eternizar su poder totalitario. Parece que los poderes aprendieron de la novela y la sociedad en general disfrutó de ella sin pena ni gloria.

Las redes sociales tienen mucho de red a la que los individuos se arrojan otorgándoles un valor lúdico que encubre su naturaleza captora. Los peces entienden de redes mucho más que las personas. El ser humano del siglo XXI habita la aldea global donde las redes sociales descargan sus capturas. La generación digital maneja antes un joystick que una bicicleta, descifra antes un código binario que un alfabeto y prefiere la comunicación virtual a la directa.

El argumento orwelliano se cumple y su concepto de sociedad está en construcción. Por ahora, los chips son adquiridos voluntariamente por la propia población sin que ningún Partido Único haya dictado su obligatoriedad. Es así, de forma inocente y consentida, como el Gran Hermano se ha introducido en los hogares y es una prótesis que hoy portan la mayoría de los cuerpos al alcance de la mano. Las ventas de smartphones, tabletas y otros dispositivos lo confirman.

Las últimas noticias sobre espionaje avalan que el Gran Hermano está activo y es consciente del inmenso poder que le confiere la propia ciudadanía. A los estados poco les preocupa que las corporaciones informáticas evadan impuestos, aunque las persigan de vez en cuando para dar una imagen de corrección democrática. Poco les preocupa que permitan a menores de edad abrirse perfiles en las redes, aunque los persigan cuando acosan o delinquen. A los estados les interesan los ficheros que estas compañías ponen a su disposición para vigilar a la población.

El Gran Hermano ha realizado el sueño de cualquier dictador y ha conseguido que los propios esclavos sufraguen sus cadenas, que los propios presos pongan barrotes a sus vidas y que sean las propias víctimas quienes paguen la bala que asesina su libertad. Dicen los estados que lo hacen para prevenir el terrorismo y otros delitos. Dicen, con insultante hipocresía, que lo hacen por la libertad. Mienten. ¿Quién proteje al individuo de los estados, del Gran Hermano?

Microsoft, Google, Apple, Yahoo! o Facebook colaboran con los gobiernos para controlar a la población. Son camaleones 2.0 capaces de pactar y ofrecer sus datos, los datos de cientos de millones de individuos, a los gobiernos, ya sea el chino, el americano, el inglés, el turco, el egipcio, el israelí o el brasileño. Sus políticas de privacidad (¿han leído alguna? Dan miedo) nunca protejen al usuario, antes bien lo convierten en un fichado del sistema. Los estados han volcado sobre los internautas la presunción de culpabilidad y los operadores tienen la lista completa de ellos.

Bradley Manning, Julian Assange, Edward Snowden o Hervé Falciani son personajes orwellianos que han trabajado para el Gran Hermano, conocen su funcionamiento interno y han decidido no ser cómplices del Partido Único. Han denunciado la trama, han elaborado sus propias listas y han recibido el tratamiento de enemigos públicos por parte de la CIA o de la banca suiza. EE.UU. los persigue y la mayoría de los gobiernos participan en la cacería. Mientras tanto, la población sigue nadando en las redes sociales como si nada fuese con ella.

Morir de hambre o de asco.

deta-bichosLa FAO, Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, es una de esas instituciones que sirven básicamente para mostrar la incierta utilidad de su propia existencia propiciada por quienes la controlan. Sus informes, aparentes denuncias de lo obvio, cumplen la doble función de alertar sobre desastres humanos y servir de soporte para que las grandes corporaciones tengan a mano gratuitos estudios sobre los que establecer sus estrategias de negocio. La FAO ha dicho que comer insectos puede ser una solución al hambre en el mundo.

Entiende la FAO que es una solución para la parte humana del mundo condenada al hambre y a la miseria por la otra parte inhumana. El orondo y opulento primer mundo presenta ante tal dieta, según el informe, una barrera psicológica, el “factor asco”, y propone estrategias de comunicación y programas educativos para abordarlo. Tanto funcionario, tanto presupuesto, tanto tiempo, tanto talento y tanto atrevimiento, para elaborar y presentar semejante informe, dan asco y asco da pertenecer a esa versión del género humano.

En Europa se desechan anualmente 69 millones de toneladas de productos alimenticios. La Política Agraria Común (PAC) exigió a España arrancar cultivos y deshacerse de ganado para estabilizar precios. La dieta mediterránea está siendo relegada por la comida basura. Las etiquetas bailan sobre los envases y ya no se sabe si se come vaca, caballo, alce, liebre o gato. La banca, Goldman Sachs, ha creado y controla la burbuja alimentaria del mercado de futuros. Grandes corporaciones como Monsanto han patentado la alimentación transgénica. La industria farmacéutica hace caja con los remedios naturales. Todo ello presuntamente basado en informes de la FAO. Da asco.

El mapa de África, tan cercana y tan lejana, da fe del trato que el primer mundo le ha dispensado. Los trazos de sus fronteras, marcas de un experto cocinero que señalan sobre la tarta las porciones a repartir, son las cicatrices de una violación continua sufrida durante siglos. África ha sido despojada de sus riquezas minerales por empresas del primer mundo, le sobra armamento y odio vendidos por el primer mundo, es el basurero tecnológico y radioactivo del primer mundo, se muere de SIDA con la bendición del primer mundo, sus caladeros son explotados por piratas del primer mundo y su fauna es exterminada por caprichosos golfos adinerados del primer mundo. ¿Y qué recibe a cambio del primer mundo? Una dieta de insectos, un rally, un mundial de fútbol y una patada en sus pateras. Un asco.

Asia, cuarto y mitad de lo mismo. Asia es ahora el zulo donde producen, a precios de esclavitud y muerte, la mayoría de las empresas competitivas, deslocalizadas y globalizadas, del primer mundo. Las grandes bolsas de miseria asiáticas son el germen necesario para el fruto financiero de las bolsas del primer mundo. Las grandes empresas que esclavizan en Asia osan decir que crean riqueza en India, Pakistán o China, que generan dinero para muchas familias que de esta forma pueden comer medio plato de arroz al día. Y para diversificar la dieta, la FAO recomienda la ingesta de insectos. De verdad que da asco.

Las multinacionales tomarán nota del informe y no tardarán en crear la industria del insecto precocinado listo para consumir. Pronto patentarán moscas y cucarachas transgénicas de sabor a canela, crearán fábricas para el liofilizado de escarabajos al limón y comercializarán máquinas de envasado de arañas glaseadas y mariposas con nata. ¿Le da asco? Pues váyase preparando porque las perspectivas económicas de más de seis millones de parados, de más de un millon de familias sin ingresos y de quienes están condenados a unas condiciones laborales similares a las asiáticas, aconsejan vencer la barrera psicológica del asco en España. Comer insectos o comerse unos a otros, un asco en cualquier caso.

Merkel 8 : Rajoy-Zapatero 1

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Tenía que pasar. Pretender llevar una vida ajena al negocio del fútbol no es fácil, como no lo es evadirse de modas, eventos sociales o familiares incómodos que siempre están a mano. Es una odisea buscar unas gafas que no “se lleven”, un calvario rechazar invitaciones a bodas, bautizos o comuniones, y una batalla campal ejercer la sinceridad con un cuñado o una prima hermana. No entender o atender a la actualidad futbolera es, sencillamente, un imposible.

Por sus propiedades adictivas, el fútbol es utilizado para generar negocio y, por su innegable capacidad socializadora, para adoctrinar. Me cuentan que hay adultos que sacan el carnet de un club a sus vástagos antes incluso de inscribirlos en el registro civil. Conozco algún niño que viste la camiseta de un ídolo pelotero y desconoce la historia de Cenicienta. He visto jóvenes en la cola del paro calzando extravagantes y caras zapatillas lucidas por su héroe dominguero. Sé de malabaristas de la nómina capaces de ayunar para atender el abono de su club. He comprendido que el forofo, el hincha o el hooligan, no nacen: se hacen. Desde pequeños.

No he podido eludir dos tremendas debacles nacionales acaecidas esta semana y, sin remedio, he sentido angustia y desazón en mi espina dorsal. Estos sentimientos no nacen de dos derrotas deportivas, sino de la derrota social que supone el hecho de que compitan en las cabeceras de los noticiarios, y las cabezas de la gente, con 6.202.700 personas en paro o 370 muertes en Bangladesh, en su mayoría personas esclavizadas que fabricaban camisetas para el mercado del balompié. Los mismos noticiarios han despachado la letanía rutinaria de corrupción, recortes y democracia descafeinada para acompañar el almuerzo o la cena.

Esa amalgama informativa sugiere la triste sensación de que fútbol y política son almas gemelas. Los dos equipos que más dinero e intereses mueven, condenados a ganar, disputan una liga amañada, que necesita equipos secundarios, condenados a perder o a esperar que los grandes fallen, para simular una auténtica competición deportiva. Los dos partidos políticos que más dinero e intereses mueven, condenados a ganar, también necesitan el concurso de partidos secundarios, condenados a perder o a la espera del fallo, para simular que este amañado sistema electoral es una democracia decente.

El pueblo apuesta a caballo ganador impulsado por el marketing político y la mercadotecnia deportiva que ataca directamente a las filias y las fobias individuales y colectivas. El disfrute de la derrota ajena no es gusto por el deporte, sino insania destructiva motivada por un odio hábilmente canalizado. Disfrutar de los errores ajenos no es una actitud demócrata, sino impulsos totalitarios liberados. Ser madridista o barcelonista, del PSOE o del PP, son muestras de racionalidad deportiva o política. Ser “antialgo” es una práctica asocial y degenerada de ambas disciplinas, rayana en la violencia irracional, demasiado extendida entre la población.

La prensa deportiva, el Madrid y el Barça fomentan la irracionalidad cuando los argumentos del juego escasean y los resultados no acompañan. Eso vende, que es de lo que se trata. La prensa generalista, el PP y el PSOE hacen lo mismo. Eso vende, que es de lo que se trata. Remata el paralelismo que Zapatero se declare culé y Rajoy merengue, dos políticos mediocres y dos clubes prepotentes a la conquista de Europa hasta que llegaron Merkel y la Bundesliga.

La semana que viene, en pleno apogeo de santos patrones y romerías por toda España, sólo se espera la posibilidad del milagro deportivo. En lo político, la encomienda de Fátima Báñez a la Virgen del Rocío no ha dado, ni dará, resultado. Las velas neoliberales del sur de Europa están obrando el milagro de la economía alemana, que es de lo que se trata.

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Obesidad lúdica/anorexia afectiva

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Con los jirones aprovechables de la realidad, hagamos una pelota, hagamos un muñeco, hagamos ilusiones y recordemos que los juegos precisan de pocos artificios para asomarse a la felicidad. Para sonreir sólo es necesaria una boca y una chispa de humanidad, la alegría es un sentimiento prisionero con ansias de libertad, y disfrutar es algo que la realidad esconde, bajo múltiples pliegues, en las enaguas de las necesidades. Ajenos a la realidad adulta, los niños sonríen, se alegran y disfrutan de manera natural, inocentemente, ayudados sólo por lo que la naturaleza provee. Felicidad en estado puro que, culturalmente, los adultos contaminamos paulatinamente en la creencia cierta de que educamos a los hijos, sobrinos, nietos y demás infancia.

Los adultos solemos mostrar ciertas tendencias educadoras que, bien miradas, prestan un flaco favor a sus infantiles destinatarios. La velocidad vital nos incita a conquistar los afectos ajenos de forma directa y rápida, como un AVE de las relaciones que las priva de la pausa necesaria para su justo aprecio y deleite, como una hamburguesa de amistad de la que sólo queda con el tiempo una extraña e irreconocible mezcla de sabores, tres euros menos en el bolsillo, una mancha en la tapicería del coche y una sensación de hambre mal satisfecha.

La capacidad para educar a un niño en el consumo de alimentos sanos como frutas, verduras, legumbres o pescado, sucumbe fácilmente ante el poder adictivo y seguro de golosinas, bollería industrial o comida rápida, acortando el camino hacia su aprobación y su sonrisa, proporcionando al adulto un merecido tiempo extra para dedicar a otras actividades aparentemente más necesarias y abriendo la puerta con peligro al “Hombre de los caramelos”. La fatiga de la rutina impide una relación pausada con los hijos y pronto se les buscan educadores ajenos con quienes los padres deberán competir para sintonizar con ellos. Los menos aconsejables suelen ser más utilizados de lo recomendable: la televisión, la consola (nombre procazmente parecido a consolador, también un juguete solitario) o el ordenador.

Son muchos los niños que no reconocen el afecto de los mayores en los regalos, convertidos en atajo para la complicidad y el cariño, que sin duda están cargados de buenas intenciones. Muchos niños padecen hoy de obesidad lúdica provocada por un goteo casi diario de pequeños regalos, ofrecidos como recompensa por ese tiempo robado que sacude conciencias intranquilas, que provocan un efecto de saturación frustante en estas fechas. La novedad del regalo es para los niños una rutina y un quebradero de cabeza para los adultos que, en poco tiempo, se estresan ante la sensación de haber regalado todo lo que hay en los escaparates y casi todo lo que sale en la tele.

Deambulando a través del laberinto consumista, perdidos en la abundancia, no son pocos los adultos que acaban comprando los regalos que les gustan a ellos mismos o los que la publicidad impone a las débiles voluntades infantiles. No son pocos los niños que disfrutan más con los envoltorios que con los propios juguetes y, llevados por la sobrealimentación juguetera, no son capaces de digerir adecuadamente el empacho. Se les está educando en el consumismo, la posesión y el egocentrismo. Sin querer, buscando justificaciones infantiles y poco sostenibles, se les ofrece a los niños una especie de compensación sentimental provocada, quizás, por el hecho de que los niños vienen al mundo sin manual de instrucciones y para ser padres nadie exige obtener un carné.

El día siete de enero, cuando el colegio devuelva la paz y la tranquilidad a los hogares, hagan una lista de los juguetes recibidos por algún niño cercano y analícenla. Quizás, tras esa lista, aparezcan muchas deudas pendientes con la infancia.

Una pelota o un muñeco de trapo juegan el mismo papel y son menos nocivos que la carga de Papa Noel o los Reyes Magos. No visten tanto socialmente, pero tienen facultades sobradas para provocar sonrisas y alimentar la felicidad.