En el país de los tuertos, el ciego es el rey

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El cambio climático, o vaya usted a saber qué otra calamidad, ha dado la vuelta al refrán: “En el país de los tuertos, el ciego es el rey”. Porque la humanidad se ha quedado tuerta de tanto forzar los ojos para ver y no ver lo que le ordenan las élites interesadas. Para colmo de males, al ojo útil le han colocado una anteojera hecha a la medida que evita distracciones y oculta realidades incómodas, una ortopedia efectiva y siniestra que acaba afectando a los cerebros inadvertidamente.

La ciudadanía en general ha renunciado a un ojo y ha optado por conservar el menos fiable de los dos, el ojo vago que prefiere no mirar para evitar pensar. Y entre tanta penumbra y tanto destello cegador, ¡quién lo iba a decir!, comprobamos que los ciegos son los reyes en la mayoría de los países. Ciegos de codicia, de odio y de sangre son aupados a los tronos del poder por legiones de tuertos y tuertas que atisban una mejoría para sus vidas en la desmejoría de su vecindario.

Cegados por el racismo, la xenofobia, la misoginia o la homofobia, con las anteojeras rojigualdas y el peligroso bastón de una historia falseada a la medida, los líderes de la oscuridad, la extrema derecha, se están haciendo con el poder aupados por los tuertos. Ocurre en todo el mundo, como una sinfonía perfectamente orquestada por los creadores de la última estafa llamada crisis, que los ciegos marcan el camino a los tuertos: Trump, Bolsonaro, Salvini, Le Pen, Orbán… y Abascal, Casado y Rivera.

En España, país fariseo por tradición secular, los ojos vagos han llorado torrencialmente, durante unos días, por el trágico accidente de un niño caído en un pozo. Los ojos estériles, secos y cegados se resisten a inmutarse por los miles de niños caídos, en incesante goteo, en el pozo de la ignominia llamado Mediterráneo. Enarbolando la bandera de la patria, los ciegos tapan esa realidad y condenan a una muerte cruel e innecesaria a todos los niños que seguirán aspirando a una vida mejor allende los mares y las fronteras.

En España, país de ADN hipócrita como el resto de los llamados “civilizados”, las mafias políticas que roban cegadas por la codicia son las opciones preferidas por millones de tuertos y tuertas. Tal vez se deba a que el electorado aspira a tapar su ojo seco con un parche, a calzar pata de palo y a empuñar un garfio para parecerse a tanto pirata parlamentario. El galeón español acabará hundido por el peso de tanto lastre corrupto con todos los piratas y aspirantes a pirata en sus bodegas.

En España, país de farsantes compulsivos, se da la circunstancia de que los cuatro partidos de la derecha (PP, Ciudadanos, Vox y PsoE) aceptan como bueno un golpe de estado en Venezuela. Tachan a Maduro de hacer exactamente lo mismo que ellos hacen con sus políticas, sus jueces, sus cárceles, su prensa domesticada y su Ley Mordaza. La ciudadanía mira con el ojo vago a Venezuela y con el seco a Arabia Saudí, Marruecos, Turquía o cualquier otra dictadura de las que agasajan y mantienen a los Borbones con reales mordidas Reales.

Se escandalizan los ciegos, y los tuertos aplauden, ante un régimen que todavía no ha asesinado a un periodista en una de sus embajadas, que no se apropia por la fuerza que Yahveh le otorga de vecinos territorios ocupados, que no bombardea con las armas que le vendemos a inocentes de un país cercano. El delito de Venezuela no es otro que tener la mayor reserva de petróleo del mundo y, sobre todo, que no esté controlada por el capital privado. Eso no se puede permitir de ninguna de las maneras. Ni por Trump ni por ningún otro ciego “civilizado” como ese cíclope de un solo ojo, tuerto y ciego a la vez, que es Pedro Sánchez.

El país que más golpes de estado ha impulsado, el que más sangre extranjera ha derramado, el que más ha robado en el mundo y en la historia, los Estados Unidos de América, está presidido por el ciego que controla al resto de los ciegos que pastorean a los tuertos en sus respectivos países.

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Derechas (3) y lavados de cerebros

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Estos días, la brainwashing machine (así, en inglés, que en castellano suena a lo que es) doméstica anda centrifugando las mentes desprevenidas. El mando a distancia sirve para constatar que todos los programas de lavado parecen sincronizados para blanquear todo tipo de suciedades. Dependiendo del programa y de la franja horaria, se blanquea la corrupción, la misoginia, el machismo, la homofobia, la xenofobia y hasta el fascismo 3.0.

Todo ello, sospecho, se debe al efecto del detergente Roji y el suavizante Gualda esnifados industrialmente por la sucia maquinaria de las derechas que los diferentes programas consumen y publicitan con adicción. Para asegurar el efecto blanqueador, no faltan obispos como Demetrio dispuestos a rezar dos padres nuestros y tres avemarías o a sacar el palio para cubrir a los nuevos/viejos cruzados. España es así: catecismo y formación del espíritu nacional para mitigar el hambre.

No duda Casado, en el prelavado, en reivindicar sus orígenes pata negra, denominación porcina para aludir a Aznar, Aguirre y a dirigentes de su partido inmersos en el sucio negocio de la corrupción. Se entiende en un sujeto de currículum falseado y dopado. No duda Rivera en apoyar a su hermano de la FAES. Se entiende en un partido especializado en sostener gobiernos corruptos del signo que sean. Ambos se blanquean entre sí, pero sus marcas azules y naranjas apestan a ideología corrupta y neoliberal. No hay perfume que quite esos hedores.

Los dos partidos, probadamente dopados con dinero negro uno y del Ibex el otro, mantienen su cuota de poder y en el lavado se intercambian manchas imperecederas con VOX. El agua clara se enturbia porque la misoginia, el machismo, la homofobia, la xenofobia y otros lamparones similares, de naturaleza neofranquista, son sustanciales al tejido ideológico de los tres. Aún así, con mayor o menor impudicia, aceptan el apoyo del partido dopado con dinero iraní y del mamandurriado Abascal para montar el tendedero donde pretenden en vano orearse.

El programa de aclarado nos muestra que ni PP, ni C´s, ni VOX, pueden pasar por ropa limpia por mucho que vuelvan a añadir Roji y Gualda y repitan el proceso. El indisimulado y pestilente olor a populismo rancio, basado en la goebbeliana máxima de repetir las mentiras para hacerlas verdad, forma parte indisoluble de sus textiles fibras. Ni la lejía perfumada es capaz de disimular las manchas y los olores que ostentan como pecados originales.

Pero son conscientes los de Rivera y los de Casado de que el centrifugado obrará el milagro de blanquear sus posiciones en pasivas mentes poco precavidas dándoles apariencia de blancor. Así, Pablo y Alberto presumen de estar en el centro del tendedero, cuestión que Santiago no se plantea por estar orgulloso de sus manchas. Los tres, sus tres formaciones, ondean flácidas al viento en el extremo derecho de la cuerda mostrando sus desvegüenzas cara al sol.

Tres tristes trapos ajados cuelgan en el tendedero electoral tapados por inmensos trapos rojigualdos cuya misión es que pase desapercibida su vetusta y obsoleta composición para la ciudadanía. Lo han conseguido en Andalucía y lo conseguirán en España, donde la clientela electoral no mira más allá de la moda de temporada. La brainwashing machine cumple a la perfección el objetivo para el que ha sido diseñada: lavar los cerebros incautos y vender con reiteradas mentiras los trapos viejos como seda natural.

Ante la imposibilidad o la negativa a lavar sus ideologías, las derechas han optado por su viejo y exitoso recurso de lavar los cerebros a la ciudadanía.

Matemos a las mujeres

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Por cultura, por tradición, por ideología, se matan o maltratan por gusto animales y plantas sin problema y no pasa nada: acaso una multa o una condena a prisión cuyo cumplimiento es anecdótico. No pasa nada: por ideología, cultura y tradición, maten o maltraten los machos a las mujeres. A fin de cuentas, para el macho hispano no son más que seres inferiores, como los animales o las plantas, que les deben eterno agradecimiento por tenerlas en cuenta.

La vertiente cultural del menosprecio hacia la mujer es común a todas las sociedades drogadas por cualquier religión: todas condenan a la mujer por los santos cojones de dioses inexistentes. La actitud de la jerarquía católica lleva siglos quemándolas en público, condenándolas en privado y alentando a los hombres a demostrar su hombría cebándose en nosotras que somos débiles, pecadoras e impuras. La jerarquía católica, que nadie se engañe, está al mismo nivel que la musulmana, la judía o cualquier otra: maten los machos a las mujeres, que algún dios habrá que los perdone.

Por tradición, la derecha quiere recuperar la esencia de la familia: “la mujer en casa y con la pata quebrá”. Los hombres no encuentran trabajo por culpa de las mujeres que trabajan. Se folla cuando, donde y con quien el macho necesite, si lo demanda ella es porque es puta. Los hijos están desatendidos y los hogares sucios desde que las mujeres tienen vida propia. Y ya ni siquiera aceptan con sumisa alegría la lencería de puticlub que los machos les regalan en ocasiones especiales. Maten los machos a las mujeres que no estén en la cocina como la sartén.

Por ideología, se desempolva la arenga de Queipo de Llano que legionarios y manadas de civiles, soldados y paisanos llevan a la práctica con la aquiescencia de jueces y juezas, que también las hay, machistas. Por ideología, considerar que una persona es superior a otra por nacimiento, raza, sexo, religión u opinión es propio del peor de los fascismos que vuelven a Europa y a España. Las mujeres son inferiores, lo dice la Biblia, y por ellas ha empezado el franquismo triunfante, que lleva ideologizando y depurando a esta mierda de país ochenta y dos años. Maten los machos a las mujeres y luego a rojos, moros y maricones.

Una mezcla de las peores tradiciones, de la cultura más nociva y de la ideología más asesina inspira a los tres hijos de la gran FAES que son mayoría en Andalucía y lo serán en España. La epidemia del fascismo destruyó Europa con Hitler, Mussolini y Franco. 80 años después, el espíritu del genocida triunvirato se ha reencarnado en España en Abascal, Casado y Rivera. Los tres coinciden, no lo olvidemos, en minimizar el terrorismo machista reduciéndolo a delito común mediante la omisión de su envergadura (casi 1.000 muertas en 15 años, muchas más que ETA) y de su carácter eminentemente misógino. Violencia doméstica nos dicen: terrorismo machista es. Maten los machos a las mujeres, sobre todo si no comulgan sus ruedas de molino.

Nos han acostumbrado a vivir en la mentira, la gran aportación de las religiones al mundo, quienes ostentan títulos falsos, viven del dinero público y sirven a las otras mentiras que nos gobiernan: las de las élites financieras y empresariales. Todos ellos, las derechas extremas y la jerarquía católica, vuelven a reeditar su pacto nacionalcatólico del que se beneficiaron durante 40 años en exclusiva y durante otros 40 con la competencia del PsoE y de nacionalistas varios. Maten los machos a las mujeres en nombre de la patria y sus saqueadores.

El resultado: 40 años de retraso económico y social respecto a Europa. 40 años, los del franquismo, de maltrato a la mujer como seña cultural e ideológica asentada en la tradición. 40 años, los segundos, marcados por una corrupción sin parangón en la historia y en el mundo desarrollado. 80 años de franquismo, posfranquismo y neofranquismo que amenaza con cumplir los 100 a nada que el pueblo, embaucado y manipulado como nunca, siga votando a quien ha de exterminarlo. Maten los machos a las mujeres, que la historia es mentira y disfrutan repitiéndola.

La bandera de España en sus manos, la impuesta por el franquismo, fue, es y será nuestro sudario.

Los putos emigrantes…

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…y los putos homosexuales, y las putas feministas, y los putos ecologistas, y los putos ateos… Desde siempre, quien afronta problemas necesita hacerlo cargando, si pudiera ser, contra alguien que, a priori, se le antoja inferior. Es así como se falsea la autoestima y se convierten las adversidades en molinos de viento fáciles de acometer e imposibles de derrotar. Vencer no es el objetivo: el objetivo es descargar la indignación y la ira acumuladas de la forma más fácil, menos peligrosa y más cobarde.

El discurso que cala en la población, a nivel global, europeo y local, se centra en los colectivos más frágiles e indefensos. Es lo que hacen enemigos de la Humanidad como Le Pen, Trump, Salvini, Orbán, Casado, Abascal o Rivera, entre otros, con mayor o menor disimulo, pero todos con indudable eficacia. Es lo que hacen los xenófobos, los homófobos, los racistas, los machistas o los explotadores de toda laya, pregonando la mentira como un bálsamo de Fierabrás capaz de mitigar todo el daño que ellos mismos producen.

El neoliberalismo es la doctrina que empuñan férreamente estos embaucadores adalides del poder exclusivamente económico que atiende a sus intereses. Y la mentira cala como las falacias pregonadas y predicadas por todas las religiones a lo largo de los tiempos. La capacidad de progreso de las culturas ha sido, y sigue siendo, cercenada por la charlatanería y la mentira convertidas en dogmas a mayor gloria de dioses sólo existentes en mentes tullidas y necesitadas.

Señalan con sus dedos ávidos de riqueza insaciable a los putos emigrantes, o a cualquier otro puto colectivo que no encaje en su medieval constructo mental, el imán Rivera, el ayatolá Casado y el muyahidín Abascal. Señalan ante la sociedad a los más débiles del barrio o del patio del colegio: a quien usa gafas, a quien no ha sido agraciado con adecuada musculatura, a quien renquea intelectualmente… Señalan a éstos y ríen la gracia a matones, ladrones y otras malas hierbas.

Ningún emigrante roba a manos llenas dinero público como peperos y falsos socialistas. Ninguno vende miles de viviendas públicas a los suyos como la familia Aznar. Ninguno obliga a trabajar duras jornadas a cambio de salarios esclavizantes como la patronal. Ninguno mangonea los ahorros de toda la vida como la banca. Ninguno especula con la energía como las multinacionales del sector. Ninguno condena a pensionistas o dependientes como el neoliberalismo. Ninguno destruye la sanidad y la educación pública como los privatizadores…

Pero son débiles y ninguna fuerza de orden público, tan descerebrada como armada, protege su elemental derecho a la vida. Quienes están al límite de la razón a causa de los efectos cotidianos y constantes del capitalismo voraz necesitan un enemigo asequible y débil para descargar su indignación. Buscan al débil del barrio, al débil del colegio, a alguien aún más débil que ellos y ellas. Y los tres endiablados “cristianos” se los señalan para que los ataquen, mejor en grupo, sin misericordia: los putos emigrantes, y los putos homosexuales, y las putas feministas, y los putos ecologistas, y los putos ateos…

Todos contentos. Los desalmados ocultan sus graves y escandalosos delitos y cosechan votos a cascoporro. Los votantes ocultan su asumida debilidad y perjudican sus cuerpos contra el suelo tratando de derribar molinos de viento. Las élites ocultan sus miserias y vergüenzas y obtienen todo el rendimiento posible manteniendo el statu quo a la vez que incrementan su riqueza ensanchado la brecha social. Y todos contentos con la bendición de la otra pata del banco: la nada cristiana y venenosa Jerarquía de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, Pecadora, Obsoleta y Pederasta.

Laura: una más, otra más

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La facción machista de la sociedad española no está enferma, sabe muy bien lo que hace y tiene quien la arenga y jalea desde estrados, púlpitos y escaños. La facción machista es conservadora en cuanto a los valores tradicionales que la derecha política y religiosa insiste en reivindicar, entre ellos la sumisión de la mujer al arbitrio del macho. La facción machista se ha venido arriba, tanto como los postulados de corte ultraderechista que triunfan en el mundo, Europa, España y Andalucía.

La historia de la humanidad es la historia de la exaltación del macho y del vasallaje femenino. Cada paso dado en el eterno camino de la emancipación por la mujer ha estado marcado por látigos, hogueras, patíbulos, mazmorras, juicios, condenas, desprecios y sangre, mucha sangre. En ello seguimos varios milenios después, recibiendo el troglodita garrotazo como manifestación de dominio, dependencia y, revestido de aterrador neorromanticismo, presunta manifestación amorosa.

El trágico ritual de condenas, minutos de silencio, manifestaciones y condolencias por el asesinato de Laura Luelmo ha ocupado la actualidad en informativos, familiares tertulias improvisadas y redes sociales. El hipócrita protocolo de los representantes públicos ha tirado de manidos argumentarios y postureo reiterativo ante una cultura machista que acabará normalizando las estadísticas de su terrorismo como las muertes por cáncer o los accidentes de tráfico.

La indignación ciudadana ha vuelto a aflorar exigiendo respuestas adecuadas y contundentes para tan deleznable crimen machista. Las respuestas de quienes tienen en su mano atajar en su raíz tales conductas sociales y, por tanto, culturales no se ha hecho esperar. De un lado, quienes ven el machismo como una lacra terrorista arraigada en la retrógrada educación recibida en casa, en la calle y desde el magisterio audiovisual de modelos machistas publicitados para todo tipo de públicos.

Del otro lado, los sectores conservadores que, negando el machismo como aporte troncal de su ideología, exigen populistas medidas punitivas como solución. Desde que se aprobó la Prisión permanente revisable, casi cien mujeres han sido mortales víctimas del terrorismo machista sin apreciarse un mínimo efecto disuasorio. Pero Casado, Rivera y Abascal insisten en endurecer dicha ley, pensando posiblemente en su aplicación para otros menesteres.

La santísima trinidad machista y conservadora nos tiene acostumbrados a utilizar y manipular el dolor popular para servir a sus intereses. Lo hicieron durante décadas con el terrorismo etarra que hoy ya no les sirve en su afán por recolectar votos. Lo han hecho con el caso José Bretón, con el de Marta del Castillo, con el de Mari Luz, con el del Pescaíto Gabriel y, estos días, con el de Laura. Vuelven a pedir la Prisión permanente revisable, seguramente para aplicarla a rojos, independentistas, disidentes y feministas: los enemigos de su España.

Las lágrimas arden de ira al comprobar que siguen defendiendo el machismo y se posicionan en contra de la igualdad de las personas, sean hombres, mujeres o migrantes. Su discurso, estos días, atiza la indignación al constatar que el populacho acepta sus populismos y no hablan de machismo, sino de demencia individual, de violencia doméstica y de, el colmo, responsabilidad de la ideología de género. El catálogo completo de la FAES y la Conferencia Episcopal.

Laura fue una más de los cientos de miles de personas que reclaman la igualdad entre hombres y mujeres en la eterna lucha femenina y feminista.

Laura es otra más de las víctimas del supremacismo terrorista que llevan milenios pagando con su sangre una cultura machista que, lejos de desaparecer, encuentra votos para alimentarse.

Yo he votado al de la pistola

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La reacción inmediata ante el hecho de que algo como VOX logre casi 400.000 votos en las elecciones de Andalucía es entrar en estado de shock. Casi nadie lo comprende, casi nadie se lo explica, casi nadie lo asimila, y las explicaciones que se escuchan son casi tan aberrantes como el hecho en sí. El electorado se ha pronunciado, como otras veces, otorgando el voto, o no otorgándolo, a las opciones que ha considerado más oportunas para sus desahogos.

No es cierto, echando la vista atrás, que la ultraderecha haya irrumpido sorpresivamente en un parlamento con una fuerza inesperada. La ultraderecha lleva cuarenta años con representación parlamentaria, ochenta para mayor precisión. Si entendemos por ultraderecha aquello que representa un ideal autoritario y sectario, recordemos que Alianza Popular era el partido que aglutinó los restos del franquismo para hacer frente a una Constitución con la que nunca estuvieron de acuerdo: cinco de sus diputados (8,34% de los votos) votaron que no y tres se abstuvieron. Su fundador y cabeza más que visible fue Fraga.

Tras varias vicisitudes, este partido se refundó y rebautizó como Partido Popular con parte del postfranquismo en sus entrañas y alentó el neofranquismo. José María Aznar, lograda la presidencia del partido y del gobierno, puso todo su empeño en abrir el armario de la ultraderecha reclamando a sus fieles ser la derecha sin complejos. La presidencia de este populista ya dio muestras de que la ultraderecha estaba bien representada en el Consejo de Ministros. Fraga fue el refundador y la cabeza más que visible del PP, el partido que ha blanqueado y normalizado la ultraderecha franquista.

Con la llegada al poder de Rajoy, asistimos a dos despropósitos monumentales: el primero, que el electorado decidiera dar una patada en el culo a Zapatero pateando sus propios traseros al votar a Rajoy; el segundo, que la extrema derecha ocupara carteras ministeriales como las de Justicia e Interior. Gallardón y Fernández Díaz ejercieron de extrema derecha, pero a Aznar no le pareció suficiente y, desde la FAES, apadrinó a Rivera y Casado para eliminar cualquier vestigio de moderación democrática en el partido más votado de España.

Así pues, hemos llegado al momento actual en el que VOX, submarino ultra con ADN aznariano, ha sido el modelo ultraderechista preferido por quienes no tienen suficiente con el PP o C’s, con quienes añoran un franquismo puro y duro. El mensaje de estos tres partidos ha sido prácticamente el mismo que Aznar y Rajoy, junto a la jauría mediática, vienen proclamando desde hace décadas: bandera, terrorismo, inmigrantes, Venezuela y todo lo demás.

Así que se puede concluir con que la extrema derecha en España no es nada nuevo, sino una mutación de ese cáncer auspiciado por la Constitución que Aznar ha conseguido convertir en metástasis. Por lo demás, la presencia de VOX en el parlamento andaluz debe preocupar porque se ha votado a un partido sin programa para los problemas reales de la ciudadanía, una mala copia de los de la extrema derecha disfrazada de demócrata (PP y C’s): más recortes, más impuestos para los de abajo, menos para los de arriba, menos derechos laborales y cívicos, desmantelamiento de la educación y la sanidad pública, etc., etc.

Puesta a jugar a la videncia y la sociología casera, tengo la impresión de que muchos de los votos cosechados por VOX obedecen a un deseo de dinamitar el sistema, injusto y cruel con las clases populares. La farándula mediática y los estrategas partidistas han hecho bien su trabajo conscientes de que un alto porcentaje de la población vota en unas elecciones con el mismo criterio que votan en Gran Hermano, Operación Triunfo o Eurovisión. Se trata de un voto de moda y la moda globalizada es votar a Trump, Bolsonaro, Salvini, Le Pen, Orban o cualquier otro monstruo que disfrute castigando a quienes lo votan.

Llama la atención que el discurso de Abascal se centre en Patria, Familia, Dios, Propiedad y Mano Dura, ya lo hizo en su momento la CEDA. Llama la atención que Abascal y los suyos sean vividores del sistema constitucional que quieren eliminar. Llama la atención el interés de Abascal por que se sepa que siempre lleva encima una pistola Smith & Wesson para dialogar con quien haga falta, la dialéctica de los puños y las pistolas proclamada por la Falange. No te extrañe que alguien del vecindario, del trabajo o de la familia te diga orgulloso y sonriente: “Yo he votado al de la pistola”.

Votemos

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Acostumbrada a salmodiar liturgias en las que no cree o, en el mejor de los casos, de las que desconfía y teme, la ciudadanía se apresta a la ceremonia de la urna. Las campanas han tocado por segunda vez para anunciar que estamos en vísperas y hay que hacer examen de conciencias ajenas para no votar en pecado. El tercer toque será en la mañana del 2 de diciembre próximo y quien no acuda al colegio electoral, papeleta en mano, quedará fuera del paraíso democrático.

Como suele ocurrir, poca gente acude a las catequesis con verdadera fe y la devoción se derrama por las grietas que las prácticas de las jerarquías partidistas producen. Para paliar esta crisis vocacional, las sectas recurren al impagable esfuerzo de sus misioneros y misioneras de tertulia durante todo el año en los púlpitos mediáticos. Las hojas parroquiales son redactadas por la aristocracia política tras recibir el soplo divino de sus deidades que confluyen en un solo dios: el dinero.

Todos los evangelistas tratan al rebaño como si la estulticia fuese su estado natural y la verdad, la única, fuese patrimonio secular de los pastores. Pero ¿de qué hablan?, ¿cuáles son sus mensajes? Conscientes de que el pueblo llano está educado en el rezo inconsciente de letanías, la élite pastoril esboza unos argumentarios que, recitados una y mil veces, son repetidos por el rebaño cada vez que los balidos hacen coro entre bocado y bocado de la mala hierba con que es alimentado.

En las misas andaluzas, los párrocos locales la han liado. Los obispos y cardenales primados los han dejado en segundo plano para tomar la palabra y propagar la idea de que el diablo existe travestido de independentista golpista, comunista bolivariano y pecador antisistema. Es una vergüenza que los intereses del rebaño queden soslayados por el único interés de los pastores: el voto, sin compromiso por su parte, el voto para autoproclamarse salvadores de la patria.

No es de extrañar que Marín o Moreno cedan el púlpito a Casado y Rivera, no es de extrañar porque los proyectos políticos de los curas de aldea no tienen que ver con Andalucía. El PP y C’s hace años que se han embarcado en una cruzada para enfrentar, unos contra otros, a los españoles. De hecho, Ciudadanos nació para enfrentar a unos catalanes con otros, a unos vascos con otros y, una vez conseguido el objetivo, han importado esta dialéctica frentista a Andalucía y al resto de España.

Las propuestas de unos y otros se atienen al catecismo populista que limpia los pecados en la oposición. Un catecismo de calcetín al que se da la vuelta sin pudor una vez alcanzado el poder, como hacen Pedro Sánchez y Susana Díaz. Hay que declararse protestantes, ciudadanos y ciudadanas con libre albedrío y capacidad para interpretar las biblias sin la concurrencia del virtuosismo manipulador de los profesionales de la política, o, mejor, directamente practicantes del ateísmo.

El tercer toque de la campana electoral llevará a millones de andaluces a depositar su voto en la creencia ciega de que dará la victoria a unos o a otros, un falaz dogma de fe: ganarán, como siempre, las élites de la Meca y el Vaticano. Es así. El FMI, el BCE y la OCDE, esas élites que jamás estampan sus logotipos en las papeletas, serán los vencedores en las elecciones andaluzas porque sus prelados de PP, PsoE y C’s son acérrimos seguidores practicantes de la biblia capitalista.

Como en otras ocasiones, como casi siempre, me queda el consuelo de votar a quienes más les jode a los pudientes, a quienes más acercan su mensaje a mi propia realidad personal e irrenunciable. Pecare, humanum est.