Rescates equivocados

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Cuando la voz cumple su función, liberando los pensamientos, conviene que las palabras mejoren el silencio. El orden racional debiera ser, primero, pensar y, después, hablar para que lengua y cerebro acompasen el ritmo del discurso en la mecedora de la coherencia. Esta fórmula economizaría matizaciones, desmentidos y contradicciones a quienes hacen de la oratoria su profesión. La misma fórmula añadiría un plus de credibilidad y, en consecuencia, confianza a los discursos.

Los oradores por exelencia, políticos, religiosos y comunicadores, harían bien siguiendo el compás retórico pensar/hablar/escuchar/pensar/hablar en sus cotidianos desempeños. No parece que suceda tal prodigio en nuestro país según se desprende del cerumen dialéctico que tapona los oídos cada vez que se escucha al político, al prelado o al todólogo de guardia en cualquier emisora, cualquier canal o cualquier periódico. Están desatando la locura en una audiencia que clama para que hablen cuando callan y callen cuando hablan.

La celeridad de los acontecimientos y la infinidad de frentes abiertos no son excusa para que continuamente las lenguas pisen los cerebros y el baile acabe siendo un rosario de quejidos y disculpas, un correcalles más que un vals, un guirigay. A veces, sin embargo, las palabras obedecen estrictamente al pensamiento que las acuna y las desliza por el tobogán de la voz para que sean oídas en toda su grandeza o su miseria según los casos.

El presidente plasmado ha dicho que no se puede atender la ILP sobre los desahucios (un grito de casi millón y medio de voces) porque “supondría un daño para el mercado hipotecario”, para el sistema bancario. Sus palabras son puro pensamiento, puro discurso neoliberal: la banca, intocable, tiene derecho a la comprensión, al rescate y a la protección del gobierno. El socio en el negocio del ladrillo, el afectado por las hipotecas, “ha vivido por encima de sus posibilidades” y, por eso, al gobierno, no le queda más remedio que recortar, recortar y recortar.

El ministro de justicia, incienso y tasas, por su parte, le niega a Andalucía la posibilidad de aplicar medidas diferentes a las del PP para paliar los efectos de la estafa financiera, para rescatar ciudadanos. Dice Gallardón que “la respuesta (a los desahucios) tiene que ser para la totalidad de los ciudadanos españoles”, quizás sin pensar antes de hablar. Podría pedir a su gobierno que aplique la medida a toda España, pero pide que no se aplique en Andalucía, acomodando su lengua al pensamiento bancario e inmobiliario. Debiera explicar porqué el gobierno de Madrid legisla a la medida de Eurovegas, con leyes a la carta para gente que ni siquiera es española.

Otro sonado pisotón verbal lo protagonizó esta misma semana la ministra Pastor al anunciar que “el gobierno trabaja para solventar la situación de varias autopistas que están al borde de la quiebra” estudiando la posibilidad de su rescate porque no son rentables para las empresas que las explotan. Curiosamente, el mapa de autopistas deficitarias recorre la ruta de la gaviota, que une las comunidades de Madrid y Valencia, el pazo de Feijóo y la cagada de la gaviota malagueña.

Escuchando a estas bocas que no piensan y sufriendo a estos cerebros que torticeramente hablan, una llega a la conclusión de que se ha equivocado en la vida. Me lo advirtió mi abuela: “Niña, no seas tonta, no te juntes con los bancos, que pierdes; y no te compres casa, que se caen antes de que acabes de pagarlas”. Caso debía haberle hecho y vivir bajo un puente de autopista, en zona de rescate.

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Un comentario el “Rescates equivocados

  1. Manuel dice:

    No puedo añadir nada más, mi verbo es escaso, pero estoy totalmente de acuerdo con lo que dices y te animo a seguir en tu linea.
    Un abrazo

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