La Parrala

confrontacion

Unos decían que sí. / Otros decían que no. / Y pa dar más que decir / la Parrala así cantó.

La falta de argumentos suele ser compañera indeseada en reuniones vecinales, en tertulias de sobremesa, y causa de ciegos enfrentamientos entre personas que en realidad sólo buscan paliar la humana necesidad de conversar y relacionarse. Las palabras suelen esgrimirse como objetos contundentes con que aporrear al interlocutor y defender las posiciones propias ante un asedio que sólo existe en mentes individuales que aprenden a construir enemigos instantáneos a partir del prójimo más cercano. El verbo hostil, en la sociedad de la información y la tecnología, aparece a diario en las pantallas y los altavoces que se han instalado en los hogares, supuestamente para otros fines que no cuadran con el adoctrinamiento persistente que emiten.

La calle reproduce fielmente los modelos propuestos por los todólogos que copan las tertulias televisivas y radiofónicas y ocupan los cerebros de la ciudadanía con la basura neurológica de sus discursos manipuladores, su vocerío de gallinero revuelto y sus ideas de saldo adquiridas en el mercadillo político. La clase política en general, con muchas excepciones que no son noticia, nutre el arsenal dialéctico de sus voceros con instrucciones claras y precisas para suplantar el razonamiento con el volumen, la cortesía con el desdén y el diálogo con el monólogo. Suelen mentir, unos y otros, adornando su plática con medias verdades, silencios y perífrasis estériles que aturden el entedimiento ajeno hasta convertir los mensajes en armas arrojadizas.

El vecindario, desde edades tempranas, se sumerge en el océano audiovisual e imita, clona, replica, copia y reproduce la inmundicia escuchada, aportando tóxicos toques personales que acaban por ahogar la credibilidad de los mensajes en las tristes aguas de la imposición de verdades absolutas. Así funcionan las tertulias políticas, deportivas o de cotilleo en la mayoría de los programas televisivos y radiofónicos. La bronca dispara las audiencias, la bronca concede mayorías absolutas, la bronca, sobre todo, impide que los ciudadanos sean capaces de unir esfuerzos para construir su propia nave y abandonar la galera pirata de los dos partidos dominantes.

PP y PSOE son los dueños de los siete mares peninsulares. Sus verdades a medias, su capacidad manipuladora y sus grandes mentiras se traducen en desgarros sociales que afectan a la inmensa mayoría. El profesional de la política se siente a salvo, que para eso maneja la justicia, pero interpreta el papel de defensor del pueblo haciendo el paripé de hostigar y zaherir al rival momentos antes de compartir cama con él en cualquier consejo de administración. Al pueblo le gusta que los políticos se arreen entre sí y disfruta del daño que aparentan infringirse. El personal no capta que cada agresión verbal de los políticos suele traducirse en un moraton en los cuerpos de los simples votantes.

Se mira al vecino, al amigo, al compañero, al familiar, como enemigos a batir y oídos a los que incordiar con mensajes de los que se duda en la intimidad, pero se defienden en público como si de ello dependiese la vida. Defendiendo mentiras ajenas, la gente se deja la garganta y la lengua desollando oídos y personas. ¿Qué pinta el PP defendiendo un centro sociosanitario cuando está desmontando la sanidad pública y los servicios de asistencia? ¿Qué pintaba el PSOE negociando con Vitalia, grupo implicado en el caso de los EREs de la Junta de Andalucía? ¿Qué pinta IU oficiando de monaguillo en esta ceremonia de la confusión? Es un ejemplo aplicable, a nivel nacional, a los confusos posicionamientos de unos y otros respecto a la vertebración del estado, al servilismo de unos y otros hacia los mercados, a su distanciamiento de la ciudadanía. Ejemplos que promueven un enfrentamiento entre personas tutelado por la clase política, encauzado por los voceros e imitado por la población.

Mientras se discuten asuntos similares, nadie habla -revelador silencio compartido- de mejorar la representatividad democrática. ¿Alguien ha dicho algo sobre listas abiertas?

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2 comentarios el “La Parrala

  1. Penoso dice:

    En este país no es norma el diálogo educado o el debate sereno; impera el hablar a gritos, como si el vociferar diera más razón o consistencia a los argumentos. A grito pelado se intenta noquear y/o anular a todo aquél que no opine igual, de esto tenemos ejemplos todos los días, como bien dices, en las reuniones vecinales, en el mundo politiqueril o en los vergonzantes programas de tertulianos, tanto en la radio, como en la tv.
    Nos estamos hundiendo cada vez más en la miseria moral como sociedad.

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