14 N: el pueblo habló a un gobierno sordo.

La huelga general del 14 N ha sido ocultada tras una nueva hoja del calendario en la que vuelven a aparecer las anotaciones que componen la rutina de la vida, entre ellas la consulta de los medios de comunicación en los que cada cual busca la constatación gráfica de lo vivido. Como siempre, vuelven a aflorar los clásicos poshuelga como la guerra de cifras o la lectura interesada de los hechos por parte de quienes los ofrecen.

Durante la jornada del 15 N se debatirán animadamente las impresiones personales sobre la base de las verdades, medias verdades y mentiras que se ponen al alcance de las personas desde los medios de comunicación, desde el gobierno, desde la patronal, desde los sindicatos y desde esas amistades peligrosas que entienden de todo y saben más que nadie, incluida una servidora. La realidad se confrontará con las realidades personalizadas y de ahí surgirán ilusiones o desencantos momentáneos.

Se hablará de asistentes con cifras mareantes que tratarán de ajustar a visiones interesadas la realidad vivida por quienes formaron parte activa de esas cifras. Las delegaciones del gobierno mentirán equiparando la manifestación de Madrid a los asistentes al aquelarre del Madrid Arena, por ejemplo. Los sindicatos mentirán equiparando la misma manifestación a sus deseos. La realidad ha sido la que ha sido y ninguna voz de las que ayer gritaron en contra de la política en general puede ser callada por recortes y ensanches de afluencias. Cada cual tuneará la realidad a su medida.

Se hablará de piquetes incidiendo en un neumático ardiendo, una pedrada en un escaparate o una cerradura siliconada. Se hablará de piquetes incidiendo en insinuaciones de despido, renovaciones de contratos en aire o veladas amenazas en privado. Hablará la patronal de las coacciones sufridas por parte de los piquetes y hablarán los piquetes de coacciones sufridas por parte de los patronos. Los piquetes de la derecha mediática, incansables e insaciables, seguirán hablando de cara a las próximas protestas.

Y se hablará de violencia. De la violencia de grupos aislados que aíslan el sentido de la protesta y ocupan las portadas de los medios en competencia con la violencia gratuita de policías incompetentes que siguen las órdenes de la autoridad competente. Se hablará de la violencia producida en las calles para silenciar la violencia ejercida por las injustas medidas del gobierno que ha hecho al pueblo salir a la calle. Se hablará de la violencia callejera y se ocultará la violencia financiera.

Se hablará de injusticia, necesidad, recortes, reformas, pobreza, paro, desahucios, privatizaciones, repagos, derechos, represión, pensiones, educación, sanidad, fraude, impuestos, facturas y una larga letanía de preocupaciones desesperadas. La sociedad habló ayer en las calles de España y de Europa. La ciudadanía se preguntará hoy, y en días sucesivos, si alguien escucha su voz más allá de las protestas. Oídos hay, y muchos, en Moncloa, en Ferraz, en Génova y en todos los parlamentos regionales, provinciales y locales. La impresión es de que hay demasiados oídos y una monumental sordera política.

Habrá que seguir hablando en la calle, tal vez sustituyendo la voz por otro tipo de lenguaje capaz de sortear la sordera. Todo menos callar resignadamente.

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