La lista de Cristina Cifuentes

En la educación recibida, las listas han jugado un papel relevante desde la más tierna infancia. Ya en parvulitos, formamos parte de una o varias listas con funciones diferentes según cada caso: la lista de clase, la lista de llorones, la lista de niñas o niños, la lista de absentistas, etc. En casa, la vida se aprovisionaba con la lista de la compra y los compromisos sociales atacaban desde listas de boda ajenas e inoportunas. La lista de los reyes magos ordenaba por estricto orden de preferencia nuestras ilusiones, aunque eran atendidas por criterios arcanos.

Con el paso de los años, las listas han seguido anotando nuestras vidas en algún sitio, en alguna fecha, a la vez que multiplicaban su funcionalidad y sus propósitos. Estaban las listas católicas para el bautizo, la comunión, la confirmación y la boda. También, las listas paganas de la venta a plazos, el Círculo Mercantil (quien pudiera), la peluquería, el médico o el viaje en autobús organizado. Y había otras con nombre propio que alistaban a los hombres para el ejército o incluían nuestros nombres en el listín telefónico, la publicación española con mayor tirada de ejemplares.

Las listas también disponían de una gama cromática que iba desde el negro hasta la que no era negra. Desconozco si existieron listas rojas de personas endeudadas hasta las cejas o políticamente adscritas a la izquierda, si hubo listas azules de economías saneadas o derechistas y si alguien hizo alguna vez un listado verde de ecologistas. Lo que estaba claro era, y sigue siendo, que aparecer en alguna lista negra suponía un motivo de preocupación y desasosiego que llevaba a preguntarse porqué y hasta cuándo estaría nuestro nombre en dicha lista.

Hoy, las listas siguen ordenando nuestras vidas y se han reinventado a sí mismas para adaptarse a los tiempos. Son modernas las listas de morosos donde se nos incluye por huir de las garras de las telefónicas, aunque no existen listas de estafadores donde figurarían esas mismas empresas encabezando el ranking. Las listas de espera, hasta hace poco exclusivas de la sanidad, se han extendido a todos los sectores y ya las hay en concesionarios de automóviles, y hasta en tiendas de moda o restaurantes de excesiva fama y menguada ración. Y las listas de aprobados, las de candidatos a un curso de formación profesional, las de aspirantes a un piso de protección oficial, las electorales o las de invitados a algún evento. Se ve que no podemos vivir sin formar parte de alguna lista.

Hay una lista especialmente cruda que nos incluye a nada que nos descuidemos o se empeñen los políticos y los empresarios de este país. La lista del paro es un látigo cuyos golpes son cada día más difíciles de esquivar y comienzan a semejarse peligrosamente a los del empleo. El paro te excluye del mercado y el empleo, hoy, te abre la puerta a una semiesclavitud que poco tiene que ver con la decencia laboral. Formar parte de la lista del paro es casi tan malo como formar parte de una lista de candidatura a un empleo temporal y mal pagado, con pocas o nulas garantías sociales y laborales para el trabajador. Aún así, queremos salir de la primera y alcanzar el primer puesto de la segunda.

Hoy, el PP, henchido de poder, se ha entregado a la elaboración de listas. Ha elaborado una larga lista de los desmanes cometidos por Zapatero que incluye casi todo lo legislado por el anterior gobierno, a pesar de que accedió al poder mediante una lista de votos más amplia que la del PP. Han elaborado una lista de personas de RTVE insumisas a cualquier gobierno y profesionales natos y netos; de esta lista quedan pocos por despedir. Han elaborado una lista de derechos privatizables en la que han metido a la propia Constitución. Nos toca a nosotros, al pueblo, anotar en una lista sin fin la sarta de mentiras e incumplimientos electorales que estamos sufriendo desde que accedieron al poder.

Pero la más ignominiosa de las listas peperas es esa que Cristina Cifuentes, delegada del gobierno en Madrid, está elaborando con los nombres y apellidos de personas que se manifiestan en contra de su partido y de sus deseos. Esta lista, negra donde las haya, es la prueba fehaciente de que la democracia se está diluyendo en una despótica y policial forma de gobernar propia de regímenes nada democráticos y poco fiables para la ciudadanía. Mientras tanto, parece que su marido figura en una lista de personas en busca y captura sin que nadie sepa su paradero.

Ya lleva anotadas unas 1.000 ovejas descarriadas. Ya tiene marcados, casi sin moverse de la Puerta del Sol, unos 1.000 objetivos para cuando fijen su noche de los cristales rotos y llegue la hora de buscar culpables.

La lista de afrentas y quebrantos que el PP está propinando a la democracia en nombre de los mercados y de la mayoría absolutista corre un serio riesgo de abultar más que un listín telefónico de provincias.

Se piensan muy listos, pero se les ve el plumero demasiado. No les importa y exportan el modelo a otras provincias y comunidades. Fernández Díaz y Gallardón son, además de sus consejeros, sus avalistas gubernamentales.

Estemos atentos y con el carnet en la boca. Como en los viejos tiempos.

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2 comentarios el “La lista de Cristina Cifuentes

  1. Past dice:

    Pues yo creo que puede estar entre los diez primeros a nivel nacional.

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  2. Por libre dice:

    Creo que Verbarte tendría que ocupar el primer o el segundo lugar en la lista de calidad de opinionistas/columnistas en Córdoba y provincia.

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