Izquierda Unida en el pesebre

Aparece en los medios de comunicación una noticia relacionada con nuevos casos de nepotismo practicados por la Junta de Andalucía. La noticia sería una más relacionada con esa lacra que aleja cada vez más a la ciudadanía de a pie de la casta política profesional si no fuera por el hecho de que, esta vez, quien la practica es Izquierda Unida, coalición que hasta hoy ha enarbolado la bandera de la transparencia y que se proclamó capitana de la lucha contra la corrupción.

En el preámbulo a la formación del gobierno de la Junta, el aire fresco pareció entrar por la ventana asamblearia que supuso la consulta a la militancia sobre la conveniencia o no de formar parte de un gobierno cuyo socio mayoritario nada en la corrupción y los oscuros manejos de la política de partido. El referendum propuesto a las bases no tenía la claridad necesaria, a imagen y semejanza del referendum sobre la OTAN, y nacía cojo al faltarle el debate necesario para dejar claras y meridianas las diferentes posturas que se barajaban.

Ganó la postura “oficial” de asumir el compromiso de gobierno. La postura fue matizada hasta la saciedad para intentar validar el mensaje de que, desde el gobierno, se atajaría la corrupción y se plantaría cara a las políticas neoliberales practicadas por el PSOE y por el PP.

Ya está IUCA en el gobierno y podemos comprobar con desánimo y frustración que la trinchera de la izquierda se ha pertrechado con los mismos discursos que la trinchera neoliberal del PP y la trinchera liberal del PSOE: “la culpa es de otros”, “recortamos para no despedir” o “no tenemos más remedio que…”. Para este viaje no se necesitaban alforjas, ni era imprescindible mostrar al votante propio y al ajeno que la alternativa es más de lo mismo.

Para colmo, el alejamiento de IUCA de sus bases y, sobre todo, de ese electorado rebelde al que tanto esfuerzo ha costado convencer se está realizando por el peor de los caminos, demostrando una sordera ante el clamor de la calle (el 15M dice que no hay pan para tanto chorizo) y una ceguera política (¿nadie, en la dirección andaluza de IUCA, ve nítidamente que se está haciendo lo mismo que se criticaba?) que equipara el discurso de la coalición con el discurso partitocrático de PP y PSOE.

Ahora, cabe esperar que la calle de un paso atrás en el apoyo a IUCA y la señale con el dedo acusador y el dardo dialéctico de “todos sois iguales”, ante lo cual no tendrá otra opción más digna que la callada y el rubor político de sentirse una defraudadora ilícita de ilusiones y esperanzas.

La situación generada por las colocaciones a dedo de la hija de Meyer y el hermano de Centella, por ahora, debe provocar un motín de las bases que exija la salida inmediata del gobierno andaluz en vista de la incapacidad mostrada para aplicar políticas de izquierdas y a la luz del lamentable y peligroso espectáculo de nepotismo exhibido por no se sabe bien qué comisión negociadora o qué sector de la coalición.

Al motín habría que sumarle la exigencia de democracia real interna y la regeneración de canosos militantes que llevan demasiado tiempo instalados en la primera línea política y que ofrecen una imagen profesional de la política claramente nociva y obstructora para conectar con el pueblo.

Para gobernar de espaldas a los votantes y practicar políticas y vicios neoliberales, ya están el PP y el PSOE.

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